viernes, 31 de enero de 2014

Una cinta nada escandalosa


Como la película más nominada en la próxima entrega de los premios Oscar es la manera en la que se nos presenta en cartelera el más reciente trabajo de un cineasta que podríamos decir está «de moda» como David O. Russell (Extrañas coincidencias, 2004), un tipo que en tres de las últimas cuatro entregas de los premios de la Academia Estadounidense de Cine ha estado nominado en la categoría de mejor director.

Antes de Escándalo americano (American Hustle, 2013), el cineasta norteamericano nos había presentado un drama que daba para mucho más, Los juegos del destino (2012), película que finalmente terminó encaramándose redundante y cayendo en el escenario común de la comedia romántica hollywoodense, siendo que en un principio tenía ciertos tonos oscuros, con dos protagonistas, Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, quienes parecía pudieron haber sido explotados por el lado de los trastornos mentales que sus personajes presentaban.

Este año, David O. Russell nos presenta una comedia dramática con un elenco estelar, repitiendo con Cooper y Lawrence, sumándoles a Christian Bale, Amy Adams y Jeremy Renner, conformando un reparto a todas luces reconocible.


Escándalo americano nos traslada a los años 70, en donde un par de estafadores (Bale y Adams) para pagar por sus delitos y no ir a la cárcel deberán de colaborar con un agente del FBI (Cooper), teniendo como misión fingir una nueva estafa que provocará la caída de altos personajes políticos y delincuenciales, entre ellos el alcalde de Nueva Jersey (Jeremy Renner). Cabe decir que aunque el personaje al que da vida Bale tiene un romance con la chica a la que interpreta Adams, el primero se encuentra inmiscuido en un matrimonio «por conveniencia» con una mujer determinadamente torpe, encarnada por Jennifer Lawrence.

El guión de la película permanentemente está dando giros, tanto en la propia historia como en la manera de narrar, presentándote a ratos la trama desde el punto de vista de distintos personajes, a veces en flashback y otras en tiempo real, pareciéndome que este conjunto de características hacen al relato inconsistente, sumado a que encuentro en David O. Russell (quien funge como director y guionista) un permanente deseo de darle la vuelta a la historia, de sorprender al espectador, consiguiéndolo en alguna que otra ocasión pero sin que esto necesariamente tenga un efecto impactante. Eso sí, gocé mucho ese aire de comedia que tiene permanentemente el texto fílmico, aunque no es que precisamente uno se la pase riendo a carcajadas durante la proyección; es una especie de humor contenido el que se presenta en la cinta.


Avance cinematográfico de Escándalo americano

A mi juicio, la gran virtud de Escándalo americano son sus interpretaciones, específicamente las de Christian Bale y Amy Adams; el primero, sorprendentemente encarnando a un hombre cuyo físico es más bien el de un panzón calvo, un tipo alegre pero modesto, algo que contrasta con otros personajes a los que ha dado vida el propio Bale como Bruce Wayne en El caballero de la noche (Christopher Nolan, 2008), o aquel enclenque personaje de El maquinista (Brad Anderson, 2004); y de Adams (Julie & Julia, 2009), decir que me ha sorprendido muy gratamente, teniendo en su justa medida características de misterio, dolor y arrogancia, una actriz que seguramente tiene por venir papeles más importantes. Por otra parte, el hecho de que los personajes sean acogidos correctamente por los actores no quiere decir que necesariamente estén trazados de forma adecuada; sobre todo, me parece que uno nunca termina por engancharse por el destino de tal o cual protagonista, esto a causa de los propios baches del guión.

Más allá de cualquier otra consideración, en términos generales salí satisfecho de la sala de cine luego de visionar Escándalo americano, una película pequeña en sus alcances y emociones, de la cual tampoco esperaba tanto (por su director), pero de la que se pueden rescatar minutos de entretenimiento, con un buen elenco y música muy variada, desde algo de Duke Ellington hasta iconos setenteros como A hourse with no name de la banda América, I feel love de Donna Summer o Live and let die de Paul McCartney.

Escándalo americano no es para nada escandalosa, ni para bien ni para mal, es simplemente una película que entretiene a lo largo de sus más de dos horas de duración, que ya es decir.

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