Como la película más
nominada en la próxima entrega de los premios Oscar es la manera en la que se
nos presenta en cartelera el más reciente trabajo de un cineasta que podríamos
decir está «de moda» como David O. Russell (Extrañas
coincidencias, 2004), un tipo que en tres de las últimas cuatro entregas de
los premios de la Academia Estadounidense de Cine ha estado nominado en la
categoría de mejor director.
Antes de Escándalo americano (American Hustle, 2013), el cineasta norteamericano
nos había presentado un drama que daba para mucho más, Los juegos del destino (2012), película que finalmente terminó encaramándose
redundante y cayendo en el escenario común de la comedia romántica
hollywoodense, siendo que en un principio tenía ciertos tonos oscuros, con dos
protagonistas, Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, quienes parecía pudieron
haber sido explotados por el lado de los trastornos mentales que sus personajes
presentaban.
Este año, David O. Russell
nos presenta una comedia dramática con un elenco estelar, repitiendo con Cooper
y Lawrence, sumándoles a Christian Bale, Amy Adams y Jeremy Renner, conformando
un reparto a todas luces reconocible.
Escándalo
americano nos traslada a los años 70, en donde un par de
estafadores (Bale y Adams) para pagar por sus delitos y no ir a la cárcel deberán
de colaborar con un agente del FBI (Cooper), teniendo como misión fingir una
nueva estafa que provocará la caída de altos personajes políticos y
delincuenciales, entre ellos el alcalde de Nueva Jersey (Jeremy Renner). Cabe
decir que aunque el personaje al que da vida Bale tiene un romance con la chica
a la que interpreta Adams, el primero se encuentra inmiscuido en un matrimonio
«por conveniencia» con una mujer determinadamente torpe, encarnada por Jennifer
Lawrence.
El guión de la película
permanentemente está dando giros, tanto en la propia historia como en la manera
de narrar, presentándote a ratos la trama desde el punto de vista de distintos
personajes, a veces en flashback y otras en tiempo real, pareciéndome que este
conjunto de características hacen al relato inconsistente, sumado a que
encuentro en David O. Russell (quien funge como director y guionista) un
permanente deseo de darle la vuelta a la historia, de sorprender al espectador,
consiguiéndolo en alguna que otra ocasión pero sin que esto necesariamente
tenga un efecto impactante. Eso sí, gocé mucho ese aire de comedia que tiene
permanentemente el texto fílmico, aunque no es que precisamente uno se la pase
riendo a carcajadas durante la proyección; es una especie de humor contenido el
que se presenta en la cinta.
Avance cinematográfico de Escándalo americano
A mi juicio, la gran virtud
de Escándalo americano son sus
interpretaciones, específicamente las de Christian Bale y Amy Adams; el
primero, sorprendentemente encarnando a un hombre cuyo físico es más bien el de
un panzón calvo, un tipo alegre pero modesto, algo que contrasta con otros
personajes a los que ha dado vida el propio Bale como Bruce Wayne en El caballero de la noche (Christopher
Nolan, 2008), o aquel enclenque personaje de El maquinista (Brad Anderson, 2004); y de Adams (Julie & Julia, 2009), decir que me
ha sorprendido muy gratamente, teniendo en su justa medida características de
misterio, dolor y arrogancia, una actriz que seguramente tiene por venir
papeles más importantes. Por otra parte, el hecho de que los personajes sean acogidos
correctamente por los actores no quiere decir que necesariamente estén trazados
de forma adecuada; sobre todo, me parece que uno nunca termina por engancharse
por el destino de tal o cual protagonista, esto a causa de los propios baches
del guión.
Más allá de cualquier otra
consideración, en términos generales salí satisfecho de la sala de cine luego
de visionar Escándalo americano, una
película pequeña en sus alcances y emociones, de la cual tampoco esperaba tanto
(por su director), pero de la que se pueden rescatar minutos de
entretenimiento, con un buen elenco y música muy variada, desde algo de Duke
Ellington hasta iconos setenteros como A
hourse with no name de la banda América, I feel love de Donna Summer o Live
and let die de Paul McCartney.
Escándalo americano no es para nada
escandalosa, ni para bien ni para mal, es simplemente una película que entretiene
a lo largo de sus más de dos horas de duración, que ya es decir.


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