viernes, 24 de enero de 2014

Seres perdidos y torturados


Pocas películas en la historia del cine han logrado trasladar las personalidades de sus intérpretes de la realidad a la ficción como Los inadaptados (The Misfits, 1961), la mítica cinta rodada por ese ecléctico cineasta de nombre John Huston (El tesoro de Sierra Madre, 1948).

Este título es reconocido por ser el último en el cual aparecieron dos de las figuras más reconocidas del Hollywood clásico: Marilyn Monroe y Clark Gable. Al elenco también se suma el autodestructivo y magistral Montgomery Clift. Igualmente, en el reparto destacan las figuras de los eficaces Eli Wallach y Thelma Ritter.
Los inadaptados nos ubica en el estado de Nevada, en donde la Monroe se encuentra en pleno proceso de divorcio, con ánimos de cerrar un capítulo en su vida amorosa. Ella y el personaje de Thelma Ritter se encuentran por casualidad con Eli Wallach y Clark Gable, invitando el segundo a Monroe a pasar unos días en su casa de campo. Más adelante, los personajes de Monroe, Gable y Wallach se topan con Montgomery Clift en un rodeo, con quien acuerdan ir a las montañas para cazar mustangos a fin de vender su carne. El conflicto llega cuando el personaje de Monroe se opone a la captura de los caballos salvajes.

La cinta desborda una sensación de vacío existencial notable pero, a la vez, un sentido de liberación que podría ser la una luz de esperanza que toca a los personajes. Estas cinco personas acaban decidiendo romper con el statu quo; eso de tener un trabajo, formar una familia y depender del dinero. Estos sujetos deciden salir de la ciudad para dejarse llevar por la libertad campirana. Y el alcohol es parte preponderante de sus diversiones y de aquellos momentos se abren en términos humanos, cuando salen a la superficie los recuerdos, sentimientos y pasiones.


Avance cinematográfico de Los inadaptados

Estamos ante una tan escalofriante como encantadora Marilyn Monroe, a ratos inocentemente festiva y en otros momentos melancólicamente enfrentada con la vida; se le escucha decir «mi problema es que nunca me dura la felicidad». Clark Gable vive del recuerdo, sin un rumbo fijo, lo mismo disfrutando que sufriendo en tiempo presente. Montgomery Clift es todo inconformidad, pero encuentra la liberación en la bebida, aunque también en el efímero enamoramiento. Eli Wallach está enojado con la existencia y consigo mismo; a su personaje se le notan unas ganas enormes de dejarlo todo, aunque también se percibe la resignación. Quizá la única cuya interpretación no tiene que ver con seres derrotados sea Thelma Ritter, quien le pone festividad y mesura al asunto. 

Y en particular me refiero a los personajes a partir de sus nombres reales porque me parece estar viendo a seres humanos puros, sin interpretar, tal cual se sentían en sus respectivas realidades (especialmente Monroe, Gable y Clift).


El guión de Los inadaptados fue escrito por el dramaturgo Arthur Miller (La muerte de un viajante, 1949), en esos momentos casado con Monroe aunque ya en plena hecatombe matrimonial, texto fílmico que -se dice- Miller reescribía día tras día, lo cual, sumado a las impuntualidades e inasistencias de Clift y la propia Monroe, propiciaron un rodaje a lo menos rocoso.

La mar de cocaína y bebida etílica que corrió en el transcurso de la filmación de Los inadaptados, un filme de una honestidad que asusta, con personas a quienes la vida no las trató de lo mejor. Diez días después de rodar Los inadaptados, al alcohólico Clark Gable se le paró el corazón; medio año más tarde, Marilyn Monroe se presume que se quitó la vida; cinco años más tarde, el politoxicómano Montgomery Clift murió víctima de sus adicciones, alguien de quien —por cierto— la misma Monroe dijo que era la única persona más desgraciada que ella.

Los inadaptados es una de esas cintas que guardo en lo más preciado de mi filmoteca personal, un título al que recurro de vez en cuando, no muy seguido, porque retrata las caras más tristes y oscuras del ser humano; expone a la perfección esos instantes de la vida en los que no tienes más que ganas de mandar todo al carajo. Es una cinta memorable de John Huston, creador por cierto de otra de mis películas favoritas de toda la vida: El Halcón Maltés (1941).

No hay comentarios:

Publicar un comentario