Tras más de 40 años de
carrera cinematográfica, uno ya no sabe qué esperar de un tipo que está más
allá del bien y del mal como Martin Scorsese. Eso sí, sus películas más allá de
que sean buenas, regulares o malas, siempre serán mejores que la media del cine
comercial.
Recuerdo haberme enganchado
a su filmografía, como muchos, con esas dos obras de arte que son Taxi driver (1976), que me hablaba con
una soberbia contención de un hombre trastornado, que la hacía de justiciero
solitario a su manera, entre las sombras de un Nueva York, con cierta
decadencia, y Toro salvaje (1980), en
donde presentaba el camino cuesta abajo de un boxeador que uva vez fue exitoso
pero que termina amenizando centros nocturnos; las dos protagonizadas por un
excelso Robert De Niro, hoy venido a menos como intérprete.
Después de esas dos cintas
incontestables, la obra de Scorsese navega de arriba hacia abajo, teniendo algunos
títulos que me gustan mucho como La
última tentación de Cristo (1988), Cabo
del miedo (1991), La edad de la
inocencia (1993) o La invención de
Hugo (2011), a la par de películas que me son indiferentes como El color del dinero (1986), Vidas al límite (1999), El aviador (2004), o la sobrevalorada Buenos muchachos (1990).
A pesar de todo, cada que
sale una nueva cinta del cineasta ítalo-estadounidense no tengo duda de acudir
al cine; de los directores vivos, es posiblemente uno de los más solventes.
El
lobo de Wall Street
Esta semana fui con muchos
prejuicios a ver El lobo de Wall Street
(The Wolf of Wall Street, 2013), la
cinta más reciente de Scorsese, título del que ya me habían advertido que no
era la gran cosa, incluso una payasada.
La película nos traslada a
los años 80, cuando un corredor de bolsa (Leonardo DiCaprio) crea una exitosa
organización a base de fraudes, con las prácticas engañosas que forman una
burbuja financiera que a muchos les hace ganar dinero inexistente y a otros sí
que les da riquezas tangibles.
El
lobo de Wall Street está narrada a partir de las reglas de la
comedia, pero de una comedia estridente, como si la hubiera dirigido un joven
cineasta con ganas de impresionar a la crítica y al gran público. La cinta es
todo DiCaprio, que lo hace bien pero que se hace excesiva su presencia en
pantalla, desarrollando uno que otro gag que te parte de la risa pero también
tirándose discursos que se supone deberían estar llenos de ironía, pero que te
sacan más de un bostezo. El filme está lleno de frivolidad, de un humor que
seguramente le encantará a chicos adolescentes, exclusivamente hombres, porque
todo está visto desde el punto de vista masculino (demasiada testosterona, para
mi gusto).
El texto fílmico está basado
en la novela homónima escrita por Jordan Belfort, en donde se nos quiere
presentar la inmoralidad ya por muchos conocida de aquellos aspirantes a ocupar
un escritorio en Wall Street, de los
deshumanos que venden acciones de empresas que probablemente estén a nada de
quebrar, prometiendo a los compradores que éstas se encuentran en vías de la
expansión.
Me parece que la película
que mejor expone el asqueroso mundo de los tiburones financieros neoyorquinos
es Margin Call (J.C. Chandor, 2011),
obra que retrata aquel día en que las finanzas estadounidenses entraron en
estado de crisis, en 2008, presentándonos anverso y reverso de un mundo que
para muchos es ajeno pero que tiene tantas implicaciones en la vida cotidiana,
soberbiamente interpretada por gente como Kevin Spacey, Paul Bettany, Jeremy
Irons, Demi Moore y Stanley Tucci, totalmente contrapuesta en sus formas a la que
nos ha presentado Scorsese. Quizá la más famosa de todas las películas de corte
financiero sea aquella dirigida por Oliver Stone, Wall Street. El poder y la avaricia (1987), en donde conocíamos el
perfil de uno de un individuo sin recato moral como Gordon Gekko, encarnado de
manera precisa por Michael Douglas.
Creo que El lobo de Wall Street, siendo una cinta
entretenida, cansa y cojea del mismo pie que ese título de culto dirigido por
David Fincher, El club de la pelea
(1999), en donde se nos quiere presentar la configuración del hombre moderno,
todo pragmático y evolucionado en términos de valores sociales, pero que a
nivel formal y narrativo pecan de «modernidad», se hacen excesivas y saturan la
trama.
Avance cinematográfico de El lobo de Wall Street
En términos generales, creo
que El lobo de Wall Street es una
película que se deja ver pero que cansa; me da la impresión que (como en el
propio relato ocurre) Scorsese y DiCaprio debieron estar hasta arriba de
cocaína durante el rodaje, sobre todo por el ritmo que le imprimieron a la
narración; es mucha excitación, griterío y chiste fácil.
Veo una cinta con un
Scorsese sobrado, conocedor de su sapiencia fílmica y de que cualquier cosa que
haga será redituable, tanto en los terrenos comerciales como en los de la
crítica. Yo pongo a El lobo de Wall
Street del lado de las películas de Scorsese que me son indiferentes.


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