El cine del narcotráfico ha
visto desfilar numerosas películas que, en mayor o menor medida, han dado en el
punto exacto para retratar los manejos y terribles implicaciones de este
fenómeno social.
En el pasado reciente,
producto de la declarada «guerra contra el narcotráfico» proclamada por Estados
Unidos y replicada en México (en los tiempos del deleznable presidente Felipe
Calderón), se han hecho cintas que tocan el tema desde diferentes aristas y con
diversos tratamientos.
Creo que en el cine mexicano
una de las películas que retrata mejor el tema del narco es El infierno (Luis Estrada, 2010), una
muy atractiva comedia negra que te muestra las caras de la corrupción institucional,
lo circunstancial que puede ser toparte con el crimen organizado, además de las
fatales e irremediables consecuencias que tiene el relacionarse con los grandes
capos. También, en la cinematografía nacional, este año el cineasta Amat
Escalante presentó su cinta Heli,
misma que nos posicionaba en una desértica comunidad de Guanajuato, en donde
una familia, sin quererlo, se involucraba en el mundo de las drogas, en este
caso exponiendo una realidad de manera seca, sin concesión, en donde la violencia
es retratada en una medida hiperrealista y escalofriante.
Por parte del cine
estadounidense, me parece que Traffic
(Steven Soderbergh, 2000) plasmó de manera inmejorable los diversos niveles que
tiene este fenómeno social, sobre todo desde el punto de vista de las víctimas
y de la justicia, con una adecuada solvencia narrativa y, desde luego, un
reparto de primera línea (del cual sobresalía Benicio del Toro).
El
abogado del crimen
Tengo claro que el cineasta
británico Ridley Scott lleva unos 18 años de capa caída, que desde que realizó
la inconmensurable Blade Runner
(1982) y las extraordinarias Alien, el
octavo pasajero (1979) y Thelma &
Louise (1991) no ha hecho algo que me motive en particular, ni siquiera la
multipremiada Gladiador (2000), un
título que me causa una notable indiferencia. Sin embargo, el hombre sigue
dirigiendo una película por año, con presupuestos bastante amplios, lo que
indica que con el público de masas no le ha ido nada mal. Por lo anterior, uno
creería que quizá lo que le falta a este cineasta es tomar buenos guiones para
desarrollarlos con su eficaz técnica fílmica.
Este año, Scott se juntó con
una de las mentes más apasionantes de la literatura contemporánea
estadounidense, Cormac McCarthy, ese literato al que le debemos haber escrito la
inquietante novela titulada La carretera
(2006) —llevada al cine en 2009— y esa obra literaria adaptada
cinematográficamente de manera soberbia por los hermanos Coen, Sin lugar para los débiles (2007).
El
abogado del crimen (The
Counselor) trata de un aparentemente incorruptible y destacado legista (Michael
Fassbender) que se relaciona con dos hampones norteamericanos de primera línea
(Javier Bardem y Brad Pitt), mismos que terminarán implicándolo en el mundo del
narcotráfico. Paralelo a lo anterior, el abogado está inmerso en un apasionante
romance con su novia (Penélope Cruz), con quien presumiblemente contraerá
nupcias. La cosa se irá complicando para el abogado principalmente por su
inexperiencia en el mundo del crimen.
Las expectativas con esta
película fueron altas, porque, sumado a los ya referidos nombres de Scott y McCarthy,
estamos ante un reparto de lujo, con un Fassbender que es de los mejores
actores de la actualidad, los comprobados Bardem, Pitt y Cruz, sumándoseles la
inconsistente Cameron Diaz. Sin embargo,
la película en su desarrollo nunca llega a cuajar alguna idea central, no se
sabe a ciencia cierta de qué va la trama, cuál es el hilo conductor que uno
debe seguir.
Pienso que el principal defecto
de El abogado del crimen es que los
creadores nunca se decidieron por el tono en el que iba a estar inscrita la
cinta, toda vez que hay momentos en los que prevalece el humor negro (destaca
una secuencia en la que Cameron Diaz literalmente le hace el amor a un Ferrari)
y las bromas baratas; en otros episodios hay secuencias en las que se intenta
desarrollar un drama muy profundo (con un Fassbender pasado de lágrimas),
cuando ni siquiera se ha afianzado una historia que te haga ponerte del lado de
tal o cual personaje. También, hay instantes de la cinta en los que pareciéramos
estar ante una película meramente de acción, al tiempo de que igualmente se
muestran intentos de llevar al filme por caminos más bien poéticos (principalmente
en una secuencia en donde Bardem y Diaz —que hacen de pareja excéntrica— sacan
a pasear al desierto a dos chitas que tienen como mascotas).
Avance cinematográfico de El abogado del crimen
Hacía tiempo que no veía una
película tan fallida; pomposa en la forma pero tan insustancial en el fondo.
Probablemente sea la cinta
sobre narcotráfico más superficial y menos comprometida con el tema.
Esta fue la primera
incursión de Cormac McCarthy como guionista de cine, la cual supone una auténtica
decepción, confirmando que el lenguaje fílmico nada tiene que ver con el
literario, que es preciso ser un especialista del guión cinematográfico para
tener como resultado una película por lo menos aceptable.
De Ridley Scott ya no
sé ni qué decir; sigo sin entender cómo es que aquel hombre que nos regaló en
sus inicios como cineasta cintas que hoy son consideradas mitos del cine se
haya dedicado a hacer tantos títulos tan olvidables en el pasado reciente. Me la pensaré la próxima vez que vea su
nombre en cartelera.


No hay comentarios:
Publicar un comentario