lunes, 2 de diciembre de 2013

Otra cinta fallida de Ridley Scott


El cine del narcotráfico ha visto desfilar numerosas películas que, en mayor o menor medida, han dado en el punto exacto para retratar los manejos y terribles implicaciones de este fenómeno social.

En el pasado reciente, producto de la declarada «guerra contra el narcotráfico» proclamada por Estados Unidos y replicada en México (en los tiempos del deleznable presidente Felipe Calderón), se han hecho cintas que tocan el tema desde diferentes aristas y con diversos tratamientos.

Creo que en el cine mexicano una de las películas que retrata mejor el tema del narco es El infierno (Luis Estrada, 2010), una muy atractiva comedia negra que te muestra las caras de la corrupción institucional, lo circunstancial que puede ser toparte con el crimen organizado, además de las fatales e irremediables consecuencias que tiene el relacionarse con los grandes capos. También, en la cinematografía nacional, este año el cineasta Amat Escalante presentó su cinta Heli, misma que nos posicionaba en una desértica comunidad de Guanajuato, en donde una familia, sin quererlo, se involucraba en el mundo de las drogas, en este caso exponiendo una realidad de manera seca, sin concesión, en donde la violencia es retratada en una medida hiperrealista y escalofriante.

Por parte del cine estadounidense, me parece que Traffic (Steven Soderbergh, 2000) plasmó de manera inmejorable los diversos niveles que tiene este fenómeno social, sobre todo desde el punto de vista de las víctimas y de la justicia, con una adecuada solvencia narrativa y, desde luego, un reparto de primera línea (del cual sobresalía Benicio del Toro).

El abogado del crimen

Tengo claro que el cineasta británico Ridley Scott lleva unos 18 años de capa caída, que desde que realizó la inconmensurable Blade Runner (1982) y las extraordinarias Alien, el octavo pasajero (1979) y Thelma & Louise (1991) no ha hecho algo que me motive en particular, ni siquiera la multipremiada Gladiador (2000), un título que me causa una notable indiferencia. Sin embargo, el hombre sigue dirigiendo una película por año, con presupuestos bastante amplios, lo que indica que con el público de masas no le ha ido nada mal. Por lo anterior, uno creería que quizá lo que le falta a este cineasta es tomar buenos guiones para desarrollarlos con su eficaz técnica fílmica.


Este año, Scott se juntó con una de las mentes más apasionantes de la literatura contemporánea estadounidense, Cormac McCarthy, ese literato al que le debemos haber escrito la inquietante novela titulada La carretera (2006) —llevada al cine en 2009— y esa obra literaria adaptada cinematográficamente de manera soberbia por los hermanos Coen, Sin lugar para los débiles (2007).

El abogado del crimen (The Counselor) trata de un aparentemente incorruptible y destacado legista (Michael Fassbender) que se relaciona con dos hampones norteamericanos de primera línea (Javier Bardem y Brad Pitt), mismos que terminarán implicándolo en el mundo del narcotráfico. Paralelo a lo anterior, el abogado está inmerso en un apasionante romance con su novia (Penélope Cruz), con quien presumiblemente contraerá nupcias. La cosa se irá complicando para el abogado principalmente por su inexperiencia en el mundo del crimen.

Las expectativas con esta película fueron altas, porque, sumado a los ya referidos nombres de Scott y McCarthy, estamos ante un reparto de lujo, con un Fassbender que es de los mejores actores de la actualidad, los comprobados Bardem, Pitt y Cruz, sumándoseles la inconsistente Cameron Diaz.  Sin embargo, la película en su desarrollo nunca llega a cuajar alguna idea central, no se sabe a ciencia cierta de qué va la trama, cuál es el hilo conductor que uno debe seguir.

Pienso que el principal defecto de El abogado del crimen es que los creadores nunca se decidieron por el tono en el que iba a estar inscrita la cinta, toda vez que hay momentos en los que prevalece el humor negro (destaca una secuencia en la que Cameron Diaz literalmente le hace el amor a un Ferrari) y las bromas baratas; en otros episodios hay secuencias en las que se intenta desarrollar un drama muy profundo (con un Fassbender pasado de lágrimas), cuando ni siquiera se ha afianzado una historia que te haga ponerte del lado de tal o cual personaje. También, hay instantes de la cinta en los que pareciéramos estar ante una película meramente de acción, al tiempo de que igualmente se muestran intentos de llevar al filme por caminos más bien poéticos (principalmente en una secuencia en donde Bardem y Diaz —que hacen de pareja excéntrica— sacan a pasear al desierto a dos chitas que tienen como mascotas).


Avance cinematográfico de El abogado del crimen

Hacía tiempo que no veía una película tan fallida; pomposa en la forma pero tan insustancial en el fondo.

Probablemente sea la cinta sobre narcotráfico más superficial y menos comprometida con el tema.

Esta fue la primera incursión de Cormac McCarthy como guionista de cine, la cual supone una auténtica decepción, confirmando que el lenguaje fílmico nada tiene que ver con el literario, que es preciso ser un especialista del guión cinematográfico para tener como resultado una película por lo menos aceptable.


De Ridley Scott ya no sé ni qué decir; sigo sin entender cómo es que aquel hombre que nos regaló en sus inicios como cineasta cintas que hoy son consideradas mitos del cine se haya dedicado a hacer tantos títulos tan olvidables en el pasado reciente.  Me la pensaré la próxima vez que vea su nombre en cartelera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario