sábado, 16 de noviembre de 2013

Actores siempre perfectos: Gene Hackman


Cuando pienso en la perfección cinematográfica, de gente que se planta frente a una cámara de manera inmejorable, irremediablemente llega a mi cabeza ese inconmensurable actor estadounidense llamado Gene Hackman.

El nacido en San Bernardino, California (Estados Unidos) ha hecho una variedad incalculable de papeles, en películas que van desde la comedia más superflua hasta el western más clásico.

A Hackman seguramente le vi por primera vez dando vida a Lex Luthor en Superman (Richard Donner, 1978), haciéndola de un villano de lo más ameno, de hecho me cayó mejor que el superhéroe en cuestión (un Christopher Reeve que lo hizo bien de Clark Kent).
Repasando a su carrera como intérprete, la película que le dio fama mundial fue la ya clásica Bonnie y Clyde (Arthur Penn, 1967), violento thriller en el que Hackman se juntaba con la pareja protagónica (Warren Beatty y Faye Dunaway), destacando su natural explosividad y quedando a la altura de un filme por demás destacado.

Para mi gusto, su siguiente papel destacado fue ese potente drama policiaco titulado Contacto en Francia (William Friedkin, 1971), en donde aparecía como un agente justiciero bastante al margen de la ley, codeándose al lado de ese inigualable intérprete español llamado Fernando Rey, que hacía de antagonista, en una cinta que sin duda situó a Hackman del lado de esos actores que son cosa seria, que por sí solos te llenan la pantalla.

El 1978, ya consolidado en la industria hollywoodense, se juntó con Francis Ford Coppola para hacer La conversación, cinta de intriga psicológica en la que interpretó a un enfermizo espía independiente llamado Harry Caul, que hacía grabaciones de personas de una manera obsesiva, un tipo solitario que se la vivía en su muy particular obsesión de escucha, en una interpretación que para mi gusto lo llevó al peldaño más alto de los intérpretes de la historia del cine; es de los personajes de ficción que más me han apabullado, una actuación trazada con insuperable maestría.

Gene Hackman incluso tuvo el privilegio (mutuo privilegio) de trabajar con Woody Allen en Otra mujer (1988), en un papel de reparto más contenido que en títulos anteriores, haciéndola de amante de Gena Rowlands, perteneciente a un amoroso recuerdo que le quedó al pie.


Ya en los noventa, el actor  norteamericano se puso a las órdenes de Clint Eastwood en el majestuoso western titulado Los imperdonables, película en la que retomaba el papel de policía rudo, esta vez con un registro más contenido que el del agente «Popeye» Doyle en Contacto en Francia, dando muestras de su capacidad para matizar papeles que uno pensaría son paralelos, casi idénticos, dando fe de su enorme capacidad de dar en el blanco a la hora d hablar de registros histriónicos.

Hackman incluso la hizo de presidente de los Estados Unidos en ese sabroso thriller  llamado Poder absoluto (1996), también dirigido por Eastwood, en el que se veía a un mandatario norteamericano más bien depravado, cobarde, que tiene que ocultar un crimen. Aunque su interpretación fue complementaria en esta película, sin duda nos regaló un papel pequeño pero sustancial.

En la parte final de su carrera, Hackman se dio el lujo de elegir a placer papeles tan disímiles como correctamente ejecutados, en títulos como El último golpe (David Mamet, 2001), Los Tenenbaums (Wes Anderson, 2001) o El jurado (Gary Fleder, 2003).

En 2004, Gene Hackman puso fin a su carrera cinematográfica por decisión propia, con una muy ligera comedia, Bienvenido a Mooseport (Gary Fleder), en la cual, como siempre, llevó a cabo una interpretación de la mejor manera posible, poniéndose en la piel de un ex presidente de EE.UU. (otra vez) que es sacado del retiro para ser candidato a la alcaldía de un modesto pueblo. Está bien, la película es malísima pero Hackman sale airoso.

En las siete decenas de películas que participó Gene Hackman, ya sea como secundario de lujo o como inmenso protagonista, buenas malas y regulares, siempre se vio extraordinario. Hackman decidió retirarse del cine para dedicarse enteramente a la literatura (no sé si ya publicó algo; me imagino que como escritor también debe ser  muy bueno), pero dejó un legado inigualable en el cine, representando a ese modelo de actor que raya la perfección.


Cierro este artículo con una frase que me parece define a Hackman de la mejor manera, retomada de la película en la cual participó con David Mamet: «El hijo de puta es tan cabrón que cuando se va a dormir las ovejas lo cuentan a él».

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