viernes, 20 de septiembre de 2013

Una buena comedia francesa


La cinematografía francesa es quizá la más importante de Europa (al margen de considerar que en ese país se inventó el cine). En Francia vemos que existe la suficiente canalización de recursos como para equilibrar tanto proyectos autorales (calificados como «cine de arte») como producciones estrictamente industriales (el famoso «cine comercial»). Me doy cuenta, a la distancia (desde México), de que algo se está haciendo bien en aquel país en materia de cine, pues en esa nación hay espacio para cineastas con propuestas diversas.

Del otro lado del Pacífico nos llegan lo mismo títulos de directores consagrados (Polanski, Haneke o los hermanos Dardenne) cuyos trabajos fortuitamente son financiados y promovidos desde el país galo, a la par de producciones que se nota pertenecen a lo más mundano (en el mejor sentido del término), pero que para nada desmerecen el aplauso del espectador.

Reflexionando sobre lo anterior, me doy cuenta con buen ánimo que a pesar de la escasa difusión cinematográfica (más allá de los blockbuster, que esos sí acaparan la cartelera) al país nos han llegado bien que mal películas ampliamente disfrutables; cintas que no son obras maestras, ni mucho menos, pero que tienen consistencia. Me remito entonces a algunas comedias francesas que tienen quizá argumentos facilones, guiones con cierta irregularidad, pero que sí nos muestran profesionalismo en todos sus procesos, empaque y sensibilidad narrativa-cinematográfica.

Así, títulos como Amigos (Olivier Nakache, Eric Toledano; 2011), Mujeres al Poder (François Ozon, 2010) o Un amor de altura (Rémi Bezançon, 2005) me parecen modelos aspiracionales para las cinematografías comerciales, en donde el público más amplio puede acudir a disfrutar una película ordinaria y simple, pero que a final de cuentas está bien construida.

Camille Regresa

Para mí, era inédita cualquier realización con la firma de Noémie Lvovsky, actriz, directora y escritora de cine, cuyos trabajos han tenido reconocimiento en Francia y en ciertas parte de Europa. Es hasta el presente 2013 cuando tuve la oportunidad de ver algún título suyo, en este caso la comedia Camille Regresa (2012).

La película va de una cuarentona actriz en decadencia (aunque tampoco parece que le haya ido muy bien antes) de nombre Camille, encarnada por la propia Lvovsky, que en el año 2008, en medio de un divorcio y un desahucio, experimentas un viaje en el tiempo, regresando a la época pasada de 1985, justo cuando ella tenía 16 años.

Camile está consciente de que ella no pertenece a ese tiempo pero decide aprovechar su estancia pretérita para modificar aquellas situaciones que en el presente le han traído más desdichas que nada. Entre otras cosas, intentará evitar la muerte de su madre, así como relacionarse con su ex esposo del futuro, piezas claves de su amargura. También, se reunirá con sus amigas de toda la vida, en plena época de la escuela secundaria.


Avance cinematográfico de Camille Regresa

La cinta tiene mucha gracia porque, a pesar de que uno está viendo en pantalla a  una señora cuarentona, su interacción en el pasado se da como si fuera una adolescente. Como muchos filmes que recurren a la figura de los viajes en el tiempo, la directora aprovecha para mostrarnos referentes icónicos culturales de los años 80, que da toda la impresión de que a la también guionista la marcaron.
Camille Regresa me remite a títulos como Volver al Futuro (Robert Zemeckis, 1985) o a Si Yo Tuviera 30 (Gary Winick, 2004), en el sentido de que los referentes temporales dan el tono cómico de la narración (Camille en tiempo presente es una alcohólica, por lo que y al encontrarse con sus padres en el 85, cuando ella era todavía menor, esa condición se consolida como un elemento propicio para la risa). Veo también que la película se emparenta con Medianoche en París (Woody Allen, 2011), principalmente por su tono reflexivo, que se queda en este caso muy al borde de llegar al didactismo.

En general, todos los elementos técnicos y artísticos están en correcto orden en Camille Regresa. A mí lo que más me gustó de la película, por encima de lo que nos cuenta, es esa transparencia de Noémie Lvovsky para no querernos vender algo más de lo que es su producto fílmico, con todas sus características buenas y malas. Creo que para que la cosa funcione en una película, sobre todo desde el lado artístico, es esencial que los encargados medulares de trasladar la narración a imágenes en movimiento sean honestos ellos mismos y con el espectador.

Posiblemente no me identifique mucho con lo que veo en Camille Regresa, pero debo decir que es una cinta que disfruté en su medida, un título ejemplar de lo que debería ser el cine comercial en México, por ejemplo, ese también llamado «dominguero»; Camille Regresa es una buena comedia que te saca más de una risa, que te va llevando en el ritmo indicado y que no se sale por la tangente de la chabacanería o de lo gratuito.

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