Si hay un director que se
diferencia de la media de los cineastas en México, que nos presenta un mundo
auténticamente propio, ese es Carlos Reygadas.
Es cierto que existen
actualmente algunos directores mexicanos que, por el estilo de narrar que
utilizan, pudieran asemejársele en cierta medida a Reygadas (Amat Escalante, Fernando
Eimbcke o Elisa Miller, por mencionar), pero es en esa concatenación de forma y
fondo donde el autor en cuestión se aleja de sus similares, creando un cine con
mucha potencia, tanto en el discurso que cuenta como en la propia composición
de imágenes.
Este artículo lo escribo una
semana después de haber visto su más reciente largometraje, Post Tenebras Lux (2012), mismo que por
lo menos a mi ciudad (Querétaro) nunca llegó, por lo que tuve ver esa cinta en
casa (como casi todas de este director).
De Reygadas he visto
prácticamente toda su filmografía (no conozco sus trabajos de cortometraje realizados
a finales de los 90 en Europa), que abarca prácticamente la primera década de
este siglo XXI.
Japón (2002)
Esta película nos cuenta la
historia de un hombre que se desplaza de la ciudad al campo, en una suerte de viaje
final, pues se prepara para quitarse la vida. A través de su encuentro con la
majestuosidad de la naturaleza, que incluye un acercamiento íntimo y sexual con
una octogenaria ermitaña, el protagonista le encontrará otro sentido a la vida.
Batalla en el Cielo (2005)
Marcos, quien funge como
chofer de la joven Ana (hija de un general), ha cometido un secuestro junto con
su esposa, que termina con la muerte del plagiado, hecho que lo perturbará
hasta el grado de confesar su crimen con la propia Ana, lo cual desembocará en
una tragedia sobre otra.
Luz
Silenciosa (2007)
En esta cinta vemos la vida
cotidiana de una familia de menonitas, en el estado de Chihuahua, en donde se
nos muestra al padre de familia siéndole infiel a su esposa. Sin embargo, pese
al acto pecaminoso (el protagonista aparte es hijo de un predicador; la
religión es clave en la historia), parece que la doble relación del
protagonista posee alguna pureza, algo que incluso sus cercanos llegan a
envidiarle.
Post
Tenebras Lux (2012)
Si bien esta película es un
mosaico de micro historias, la trama que en términos generales seguimos es la
de una familia de clase económica media-alta, un matrimonio que vive en alguna
zona campirana de México, con sus dos pequeños hijos. Nos enteramos
principalmente de los problemas que aquejan al padre, Juan, quien en lo
particular parece tener una obsesión por la pornografía (en Internet) y, con su
esposa, con quien tiene problemas en la intimidad sexual. A la historia
principal se le suman escenas diversas, como la de un partido de rugby, la
intromisión del diablo en una casa, una celebración navideña y una orgía.
En perspectiva, parece ser
que hay dos temas que a Reygadas le importa mucho explorar y resaltar en sus
películas: el sexo y la realidad social en México.
Lo que en Japón el sexo significaba un punto de
liberación filosófico, en Batalla en el
Cielo era el acto en sí, la carnalidad, mientras que en Luz Silenciosa lo podríamos calificar
como una carga moral, ese condición de pecado que el pensamiento
judío-cristiano ha permeado en occidente, mientras que en Post Tenebras Lux se nota como una actividad multifactorial, quizás
se mira al sexo desde una perspectiva posmoderna.
En lo que tiene que ver con
la realidad social, Reygadas en todas sus cintas ha procurado contarnos la
parte buena y mala de los pobres y de los acomodados, de la gente de campo y de
la de cuidad. Quizá Luz Silenciosa
salga de esta definición, ya que pone la cámara en un universo cerrado,
particular, en donde todo es más monótono; en el desarrollo de la sociedad
menonita.
A mí me deslumbró Japón, con ese retrato de los paisajes
naturales, con esa intriga de un protagonista melancólico y solitario que se
libera; Batalla en el Cielo me dejó muchas dudas, ya que
nunca me compenetré con la turbación de sus protagonistas; Luz Silenciosa me pareció un portento, creí estar viendo a uno de
esos directores de cine «trascendental» (Yasujiro Ozu, Carl T. Dreyer o Andréi
Tarkovski), en el mejor de los sentidos (porque a veces esos artistas llegan a
ser fatigosos); finalmente, Post Tenebras
Lux, aunque no me hipnotizó, siempre me mantuvo interesado, más allá de que
lo que veía en ocasiones fuera inconexo, pero que la propia intuición de
Reygadas fue construyendo y culminando en una serie de sensaciones que recibí
con agrado.
De acuerdo, Reygadas puede
ser un cineasta a veces provocador (imágenes de decapitaciones, de felaciones
en primer plano), pero me parece un artista que es todo menos gratuito, que
filma lo que ve, no lo que idealiza o lo que le marca la oferta y la demanda.





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