Hablar del cine procedente
de Hungría es remitirse a personajes prácticamente inéditos en México,
resultando familiares para los que siguen las películas de festivales y para
alguno que otro anormal adorador del cine: nombres como el de Béla Tarr (La Condena, 1988) o el de Miklós Jancsó
(Los Rojos y los Blancos, 1968), autores
muy particulares y para gustos «refinados».
A mí el cineasta húngaro que
más me ha gustado es István Szabó, un tipo que si bien se ha encargado de
presentarnos momentos históricos de este mundo y de su país, poniendo
particular énfasis en la etapa del holocausto (sobre todo en sus primeras tres
décadas de filmografía), también nos ha hablado de temas universales, de situaciones
que aunque uno no las haya vivido propiamente, sí te llegan a sacudir,
sintiendo empatía por personajes alejados de cualquier consideración ejemplar.
Quiero sugerir/recordar
un par de películas que tienen que ver con el nazismo, sobre artistas que
lidiaron en su momento con la carga moral del Tercer Reich.
Mephisto
La primera cinta es Mephisto (1981), película que nos cuenta
la historia de un actor de teatro (Klaus Maria Brandauer) que en los años 30 de
la Alemania Nazi se vuelve popular gracias a su protagónico en el drama Fausto. Para el histrión lo más
importante es su carrera artística, por lo que intenta que las consideraciones
políticas no tengan mucho eco en su vida, aunque paulatinamente su estado anímico
se verá cada vez más alterado al involucrarse con los nazis, a cambio de que su
prestigio e integridad sean salvaguardados.
Avance cinematográfico de la cinta Mephisto
Estamos principalmente ante
una memorable interpretación de Brandauer, quien te va haciendo cómplice de sus
ambiciones, te hace sentir los nervios y la ansiedad que en un determinado
momento la propia trama le va presentando, toda vez que él es consciente de las
atrocidades que entre manos practicabann los partidarios del Nacional Socialista
alemán, en una época en la que al parecer no había medias tintas: o eras
cómplice o víctima.
Szabó narra con sobriedad
ese capítulo del nacismo, contándonos con la mesura necesaria un drama que deja
abierta esa eterna pregunta ética: ¿es válido el arte al servicio de lo poco ético?
Réquiem por un Imperio
La segunda cinta que quiero
rememorar sigue las mismas claves morales de Mephisto, pero esta vez desde el punto de vista de un músico. En Réquiem por un imperio (2001) nos
encontramos en años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando un oficial
estadounidense (Harvey Keitel) busca inculpar a quien director de la Orquesta
Filarmónica de Berlín en los años del nazismo (Stellan Skarsgård), incriminado por
haber sido cómplice del Tercer Reich.
Aquí el personaje que
interpreta Skarsgård era consciente de lo que ocurría en los años del régimen
Nazi, prefiriendo omitir todas las atrocidades que llegaban a sus oídios, algunas
de las cuales incluso fue testigo, todo con tal de no cortar su carrera
artística.
Avance cinematográfico de la cinta Réquiem por un imperio
Esta vez István Szabó, más allá del fondo de la
historia, nos propone uno de esos duelos interpretativos que se te quedan en la
memoria, con un Harvey Keitel en plan
áspero, autoritario y rudo, y un Stellan Skarsgård todo lágrimas, redención y
arrepentimiento. Narrativamente, es un ejercicio fílmico parecido a lo propuesto
por Giuseppe Tornatore en Una simple formalidad (1994); interrogatorios y flashbacks.
En Réquiem por un imperio Szabó matiza la posición del protagonista,
pues lo que en Mephisto era una
obsesión por sobresalir y no moverse de una posición privilegiada en medio del
averno, acá lo que nos muestra es la supervivencia de un hombre que en la música
encuentra su desarrollo vital, su leitmotiv para subsistir.
Ahora que fue develada la
historia política que el propio István Szabó vivió (hace unos años reveló que
durante el régimen comunista en Hungría fungió como infiltrado en sus años de
la universidad, presentando informes contra sus propios compañeros),
parece que los relatos de las películas que tentativamente eran las menos
apegadas al cine de autor dentro de su filmografía (las dos que he recordado)
finalmente son las que más hablaban de su persona, de ese actuar en contra de tus
valores a cambio de sobrevivir.
Aparte de las cintas aquí
reseñadas, son insoslayables títulos como Coronel Redl (1984) o El adivino
(1988), películas dramáticas que nos presentan dilemas morales, que muestran
un pedazo de historia y que, sobre todo, te remueven y te quedan en el recuerdo
de ese cine que quizás no es soberbio pero sí de buenas hechuras y propuestas (muchas
veces olvidado).




No hay comentarios:
Publicar un comentario