viernes, 2 de agosto de 2013

Los dilemas de un cineasta


Hablar del cine procedente de Hungría es remitirse a personajes prácticamente inéditos en México, resultando familiares para los que siguen las películas de festivales y para alguno que otro anormal adorador del cine: nombres como el de Béla Tarr (La Condena, 1988) o el de Miklós Jancsó (Los Rojos y los Blancos, 1968), autores muy particulares y para gustos «refinados».

A mí el cineasta húngaro que más me ha gustado es István Szabó, un tipo que si bien se ha encargado de presentarnos momentos históricos de este mundo y de su país, poniendo particular énfasis en la etapa del holocausto (sobre todo en sus primeras tres décadas de filmografía), también nos ha hablado de temas universales, de situaciones que aunque uno no las haya vivido propiamente, sí te llegan a sacudir, sintiendo empatía por personajes alejados de cualquier consideración ejemplar.
Quiero sugerir/recordar un par de películas que tienen que ver con el nazismo, sobre artistas que lidiaron en su momento con la carga moral del Tercer Reich.



Mephisto

La primera cinta es Mephisto (1981), película que nos cuenta la historia de un actor de teatro (Klaus Maria Brandauer) que en los años 30 de la Alemania Nazi se vuelve popular gracias a su protagónico en el drama Fausto. Para el histrión lo más importante es su carrera artística, por lo que intenta que las consideraciones políticas no tengan mucho eco en su vida, aunque paulatinamente su estado anímico se verá cada vez más alterado al involucrarse con los nazis, a cambio de que su prestigio e integridad sean salvaguardados.


Avance cinematográfico de la cinta Mephisto

Estamos principalmente ante una memorable interpretación de Brandauer, quien te va haciendo cómplice de sus ambiciones, te hace sentir los nervios y la ansiedad que en un determinado momento la propia trama le va presentando, toda vez que él es consciente de las atrocidades que entre manos practicabann los partidarios del Nacional Socialista alemán, en una época en la que al parecer no había medias tintas: o eras cómplice o víctima.



Szabó narra con sobriedad ese capítulo del nacismo, contándonos con la mesura necesaria un drama que deja abierta esa eterna pregunta ética: ¿es válido el arte al servicio de lo poco ético?

Réquiem por un Imperio

La segunda cinta que quiero rememorar sigue las mismas claves morales de Mephisto, pero esta vez desde el punto de vista de un músico. En Réquiem por un imperio (2001) nos encontramos en años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando un oficial estadounidense (Harvey Keitel) busca inculpar a quien director de la Orquesta Filarmónica de Berlín en los años del nazismo (Stellan Skarsgård), incriminado por haber sido cómplice del Tercer Reich.

Aquí el personaje que interpreta Skarsgård era consciente de lo que ocurría en los años del régimen Nazi, prefiriendo omitir todas las atrocidades que llegaban a sus oídios, algunas de las cuales incluso fue testigo, todo con tal de no cortar su carrera artística.


Avance cinematográfico de la cinta Réquiem por un imperio

Esta vez  István Szabó, más allá del fondo de la historia, nos propone uno de esos duelos interpretativos que se te quedan en la memoria, con un  Harvey Keitel en plan áspero, autoritario y rudo, y un Stellan Skarsgård todo lágrimas, redención y arrepentimiento. Narrativamente, es un ejercicio fílmico parecido a lo propuesto por Giuseppe Tornatore en Una simple formalidad (1994); interrogatorios y flashbacks.


En Réquiem por un imperio Szabó matiza la posición del protagonista, pues lo que en Mephisto era una obsesión por sobresalir y no moverse de una posición privilegiada en medio del averno, acá lo que nos muestra es la supervivencia de un hombre que en la música encuentra su desarrollo vital, su leitmotiv para subsistir.

Ahora que fue develada la historia política que el propio István Szabó vivió (hace unos años reveló que durante el régimen comunista en Hungría fungió como infiltrado en sus años de la universidad, presentando informes contra sus propios compañeros), parece que los relatos de las películas que tentativamente eran las menos apegadas al cine de autor dentro de su filmografía (las dos que he recordado) finalmente son las que más hablaban de su persona, de ese actuar en contra de tus valores a cambio de sobrevivir.

Aparte de las cintas aquí reseñadas, son insoslayables títulos como Coronel Redl (1984) o El adivino (1988), películas dramáticas que nos presentan dilemas morales, que muestran un pedazo de historia y que, sobre todo, te remueven y te quedan en el recuerdo de ese cine que quizás no es soberbio pero sí de buenas hechuras y propuestas (muchas veces olvidado).

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