La violencia y la crueldad
humana han existido desde tiempos inmemoriales. Han estado presentes en Roma,
en los grandes imperios asiáticos, en las civilizaciones precolombinas de lo
que hoy es América, en las monarquías europeas y actualmente en las instancias
pseudo justicieras estadounidenses e israelís; desde luego que en México
también.
El cine a lo largo de su
historia nos ha mostrado la violencia y la crudeza de la realidad desde muchas
perspectivas; a través de las guerras (Roma,
Ciudad Abierta; Roberto Rossellini, 1945), desde la visión del crimen (Buenos Muchachos; Martin Scorsese, 1990)
o en un contexto de perturbación
psicológica (Audition; Takashi Miike,
1999), por mencionar.
Dado el contexto de
violencia, crimen organizado y «guerra contra el narcotráfico» que viven
ciertas latitudes del planeta, en recientes años hemos visto florecer las
tragedias sociales en el cine. Sin duda el ejemplo más representativo y el
mejor logrado en el caso de México es la cinta El Infierno (2010), de Luis Estrada, película que en clave de
comedia negra nos acerca al mundo de los cárteles que, de manera transversal, están
coludidos con los cuerpos de seguridad en el país.
Un
director hiperrealista
Como testigo de la funesta
realidad mexicana en materia de violencia apareció en el Festival de Cannes de
este año el cineasta Amat Escalante, un
director plenamente identificado con la corriente realista, esa que en
recientes años se ha encargado de retratar lo cotidiano, a la cual también se inscriben
cineastas como Carlos Reygadas (Japón,
2002) Fernando Eimbcke (Temporada de
Patos, 2004), Elisa Miller (Ver
Llover, 2006) o Rubén Imaz (Familia
Tortuga, 2006), entre otros, con productos de diversa calidad.
Escalante es un director
relativamente nuevo, con apenas tres largometrajes en su haber. Recuerdo haber
visto hace algunos años Sangre
(2005), película que nos inmiscuía en el cotidiano de un matrimonio absorbido
por el pesar de la vida diaria, con muy poca comunicación y con sentimientos
contenidos. Esa película la tengo casi en el olvido, me dejó muy poco para rememorar,
pero sí me interesó en alguna medida su propuesta hiperrealista. Luego filmó Los Bastardos (2008), en donde muestra a
un par de inmigrantes ilegales mexicanos en los Estados Unidos, mismos que
tienen como misión completar un crimen; esa película la encontré un día en la
televisión pero no la vi completa. Recordar que Escalante también participó en
el compendio de cortometrajes titulado Revolución
(2010), del cual recuerdo que el episodio que dirigió trataba sobre un par de
niños que caminaban por un paisaje semidesértico junto con un sacerdote; al
final llegaban a un McDonald's pero no recuerdo cuál era el leitmotiv.
Muchos identificamos a
Escalante como discípulo de Carlos Reygadas (este último produce algunos de sus
largometrajes) y en gran medida se le parece mucho, aunque con el pasar de los
años más bien parecen querer pertenecer a una corriente cinematográfica común,
algo así como el hiperrealismo mexicano.
«Heli»
La cinta Heli nos lleva a un pueblo semiurbano de
México (no recuerdo que se haya mencionado su nombre) en el que le seguimos la
pista de una familia conformada por un hombre de edad avanzada, un matrimonio
de jóvenes que tienen a un bebé y una jovencita púber. Estela, la menor, se
hace de un novio, Beto, de 17 años, mismo que se está iniciando como miembro
del cuerpo de la Policía Federal.
Vemos la vida cotidiana de
la familia, al joven Heli (Armando Estrada) —epónimo de la película— que sale a
trabajar como obrero en una armadora de autos, a su esposa que se encarga de
las labores del hogar, a su padre que también sale a trabajar y a Estela (Linda
González) que estudia la secundaria y que experimenta las emociones del primer
amor con Beto. Todo en un ambiente un tanto decadente.
La tranquilidad de la
familia se verá interrumpida cuando las circunstancias involucren a los
protagonistas en el contexto de la realidad criminal mexicana. Estela ayudó a
Beto a esconder unos paquetes de cocaína, mismos que tenían planeado vender
para obtener dinero y así casarse y comenzar una vida juntos. Pero las cosas no
salen conforme a lo planeado y en sus vidas se encuentran con la violencia, la impunidad y la corrupción,
circunstancias que en adelante caracterizarán al relato fílmico.
Me parece asertiva la
narración que propone Escalante, con austeridad artística pero con cierta elegancia
en el manejo de la cámara, siempre caminando por la línea del hiperrealismo,
claramente comprometido con mostrar la decadencia humana y cómo las cosas
pueden ir cada vez peor de lo que uno piensa.
El cineasta es inteligente
porque nos muestra uno que otro plano con aires efectistas (quién no se va a
incomodar viendo que le queman los genitales a un tipo luego de ser azotado),
pero no se esmera en concentrarse en el acto violento en sí, más bien lo
muestra como parte de un conjunto, una realidad que ve su mayor tragedia en la
descomposición institucional y en la degeneración de las personas en
particular.
Heli es
un conjunto de desgracias que quizás alguien que viva en un país desarrollado
lo podrá ver excesivo, pero no lo es, simplemente nos muestra parte de ese
universo devastador que suponen algunas regiones de México, en las cuales la
violencia te puede alcanzar directa o indirectamente.
Avance cinematográfico de «Heli»
Aparte comento la reacción
que algunos espectadores tuvieron durante la proyección de la película, en la
sala de cine a la que acudí, ya que durante algunas escenas cotidianas y
repulsivas siempre se esmeraron en soltar la carcajada, como si lo que se muestra
en pantalla fuera cómico (las risas un tanto impostadas); parece haber una
predisposición de que todo lo que aparece en cine tiene como objetivo hacer
reír, cuando a mí ninguna de las situaciones en Heli me parecieron graciosas.


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