sábado, 10 de agosto de 2013

Hiperrealismo violento


La violencia y la crueldad humana han existido desde tiempos inmemoriales. Han estado presentes en Roma, en los grandes imperios asiáticos, en las civilizaciones precolombinas de lo que hoy es América, en las monarquías europeas y actualmente en las instancias pseudo justicieras estadounidenses e israelís; desde luego que en México también.

El cine a lo largo de su historia nos ha mostrado la violencia y la crudeza de la realidad desde muchas perspectivas; a través de las guerras (Roma, Ciudad Abierta; Roberto Rossellini, 1945), desde la visión del crimen (Buenos Muchachos; Martin Scorsese, 1990)  o en un contexto de perturbación psicológica (Audition; Takashi Miike, 1999), por mencionar.

Dado el contexto de violencia, crimen organizado y «guerra contra el narcotráfico» que viven ciertas latitudes del planeta, en recientes años hemos visto florecer las tragedias sociales en el cine. Sin duda el ejemplo más representativo y el mejor logrado en el caso de México es la cinta El Infierno (2010), de Luis Estrada, película que en clave de comedia negra nos acerca al mundo de los cárteles que, de manera transversal, están coludidos con los cuerpos de seguridad en el país.

Un director hiperrealista

Como testigo de la funesta realidad mexicana en materia de violencia apareció en el Festival de Cannes de este año el cineasta Amat Escalante, un  director plenamente identificado con la corriente realista, esa que en recientes años se ha encargado de retratar lo cotidiano, a la cual también se inscriben cineastas como Carlos Reygadas (Japón, 2002) Fernando Eimbcke (Temporada de Patos, 2004), Elisa Miller (Ver Llover, 2006) o Rubén Imaz (Familia Tortuga, 2006), entre otros, con productos de diversa calidad.

Escalante es un director relativamente nuevo, con apenas tres largometrajes en su haber. Recuerdo haber visto hace algunos años Sangre (2005), película que nos inmiscuía en el cotidiano de un matrimonio absorbido por el pesar de la vida diaria, con muy poca comunicación y con sentimientos contenidos. Esa película la tengo casi en el olvido, me dejó muy poco para rememorar, pero sí me interesó en alguna medida su propuesta hiperrealista. Luego filmó Los Bastardos (2008), en donde muestra a un par de inmigrantes ilegales mexicanos en los Estados Unidos, mismos que tienen como misión completar un crimen; esa película la encontré un día en la televisión pero no la vi completa. Recordar que Escalante también participó en el compendio de cortometrajes titulado Revolución (2010), del cual recuerdo que el episodio que dirigió trataba sobre un par de niños que caminaban por un paisaje semidesértico junto con un sacerdote; al final llegaban a un McDonald's pero no recuerdo cuál era el leitmotiv.

Muchos identificamos a Escalante como discípulo de Carlos Reygadas (este último produce algunos de sus largometrajes) y en gran medida se le parece mucho, aunque con el pasar de los años más bien parecen querer pertenecer a una corriente cinematográfica común, algo así como el hiperrealismo mexicano.

«Heli»

La cinta Heli nos lleva a un pueblo semiurbano de México (no recuerdo que se haya mencionado su nombre) en el que le seguimos la pista de una familia conformada por un hombre de edad avanzada, un matrimonio de jóvenes que tienen a un bebé y una jovencita púber. Estela, la menor, se hace de un novio, Beto, de 17 años, mismo que se está iniciando como miembro del cuerpo de la Policía Federal.


Vemos la vida cotidiana de la familia, al joven Heli (Armando Estrada) —epónimo de la película— que sale a trabajar como obrero en una armadora de autos, a su esposa que se encarga de las labores del hogar, a su padre que también sale a trabajar y a Estela (Linda González) que estudia la secundaria y que experimenta las emociones del primer amor con Beto. Todo en un ambiente un tanto decadente.

La tranquilidad de la familia se verá interrumpida cuando las circunstancias involucren a los protagonistas en el contexto de la realidad criminal mexicana. Estela ayudó a Beto a esconder unos paquetes de cocaína, mismos que tenían planeado vender para obtener dinero y así casarse y comenzar una vida juntos. Pero las cosas no salen conforme a lo planeado y en sus vidas se encuentran con  la violencia, la impunidad y la corrupción, circunstancias que en adelante caracterizarán al relato fílmico.

Me parece asertiva la narración que propone Escalante, con austeridad artística pero con cierta elegancia en el manejo de la cámara, siempre caminando por la línea del hiperrealismo, claramente comprometido con mostrar la decadencia humana y cómo las cosas pueden ir cada vez peor de lo que uno piensa.

El cineasta es inteligente porque nos muestra uno que otro plano con aires efectistas (quién no se va a incomodar viendo que le queman los genitales a un tipo luego de ser azotado), pero no se esmera en concentrarse en el acto violento en sí, más bien lo muestra como parte de un conjunto, una realidad que ve su mayor tragedia en la descomposición institucional y en la degeneración de las personas en particular.

Heli es un conjunto de desgracias que quizás alguien que viva en un país desarrollado lo podrá ver excesivo, pero no lo es, simplemente nos muestra parte de ese universo devastador que suponen algunas regiones de México, en las cuales la violencia te puede alcanzar directa o indirectamente.


Avance cinematográfico de «Heli»

Aparte comento la reacción que algunos espectadores tuvieron durante la proyección de la película, en la sala de cine a la que acudí, ya que durante algunas escenas cotidianas y repulsivas siempre se esmeraron en soltar la carcajada, como si lo que se muestra en pantalla fuera cómico (las risas un tanto impostadas); parece haber una predisposición de que todo lo que aparece en cine tiene como objetivo hacer reír, cuando a mí ninguna de las situaciones en Heli me parecieron graciosas.

Heli es una película digna de verse, incluso necesaria, que te recuerda lo mal que está México, que expone en potencia ese lado perverso que en esencia el ser humano ha demostrado tener a lo largo de la historia, que muchos quizá no entendamos y queramos suprimirlo por siempre.

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