jueves, 1 de agosto de 2013

El misterio del amor


Hablar del amor es todo un tema. La mayoría decimos amar pero en realidad no hay una definición concreta y unificada que sustente ese término tan popular.
Sobre el amor se hablado desde los diálogos de Platón (Fedro o del Amor, 370 a. C.) hasta The Beatles (Something, 1969) pasando por Shakespeare (Romeo y Julieta, 1597). En el cine principalmente los melodramas y las comedias románticas hacen referencia a este sentimiento de afinidad entre personas.

Romances cinematográficos hay miles, pero yo tengo grabados en la memoria títulos que han perdurado en mi alma como El Apartamento (Billy Wilder, 1960), Casablanca (Michael Curtiz, 1942) y Deseando Amar (Wong Kar-Wai, 2000), películas que me cuentan historias de amor universales, algunas en clave de comedia y otras en drama, en donde no propiamente cabe el escenario idílico del amor eterno de los cuentos de princesas estilo Disney. Creo que la principal característica de los romances cinematográficos que me atraen es que durante la trama se van tejiendo cadenciosamente, poco a poco, hipnotizándome como espectador y poniéndome en posición de añorar que se consuma esa afinidad entre los protagonistas.

Dos ópticas sobre un mismo concepto

Tal cual lo he mencionado desde el principio, hablar de amor no es referirnos a términos concretos y mucho menos específicos, a lo peor divagamos sobre sensaciones que nos representan alguna culminación existencial, un motor para vivir.

En recientes fechas me vinieron a la mente dos películas con algunas similitudes pero con notables diferencias sobre el concepto del amor. Se trata de dos adaptaciones de novelas llevadas al celuloide: Los Puentes de Madison (Clint Eastwood, 1995) y Diario de Una Pasión (Nick Cassavetes, 2004). En ambos casos no leí las obras seminales, tengo que aclararlo; igual cundo se trata de hacer crítica sobre adaptaciones me apego específicamente al proyecto cinematográfico, entendiendo que es una creación ajena a la idea inicial que quizá fue plasmada desde la literatura.


Los Puentes de Madison nos cuenta la historia de una madre de familia campirana (Meryl Streep), misma que lleva una vida rutinaria al lado de su marido y sus hijos. Las cosas se salen del control cotidiano cuando marido e hijos salen por unos días de la granja en donde viven, quedándose la mujer (una cuarentona ella) sola en casa por unos días. En esas fechas ella recibe la visita de un fotógrafo (Clint Eastwood), una persona con quien llegará experimentar emociones erótico-románticas que nunca antes había vivido.

Por su parte, Diario de Una Pasión nos remite al romance veraniego entre dos jóvenes, mismo que se verá obstruido por las diferencias socioeconómicas; ella (Rachel McAdams) pertenece a la clase aristócrata y él (Ryan Gosling) es un carpintero. Hay encuentros y desencuentros y sólo el tiempo dictará qué tan intenso es ese sentimiento mutuo.

Quien ha visto los dos filmes se habrá dado cuenta que los dos están narrados a través de flashbacks, con constantes cambios de temporalidad (del presente al pasado y viceversa). En los Puentes de Madison esta condición es meramente referencial, para nada influyente en la trama, sin embargo, en Diario de una Pasión el presente tiene todo que ver con el pasado, es parte de la trama que se nos está contando, sustancia preponderante para el efecto final de lo que se nos cuenta.


Si en la narrativa tienen similitudes las dos cintas referidas, es en el propio concepto de amor en el punto en el que marcan sus notables diferencias. Mientras que en Los Puentes de Madison nos cuentan que el culmen de esa sensación de afinidad, cariño y deseo de una persona hacia a otra pertenece sólo a un breve instante, a un momento finito de la existencia en donde la llama se enciende con mayor intensidad (sólo reviviéndola a partir del recuerdo), en Diario de Una Pasión se empeñan en comunicarnos que el verdadero amor es eterno, que es capaz de hacer milagros.

No sé cuál tendrá la razón respecto a la verdadera esencia del amor, lo que sí puedo reconocer es que cada que recuerdo Los Puentes de Madison se me hace un nudo en la garganta y mi cuerpo se estremece, para mí es toda una obra mayor, a diferencia de Diario de Una Pasión, película a la cual no veo más que como un drama romántico para adolescentes, bien contado, pero que se me evapora en cuanto termina la proyección.

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