sábado, 17 de agosto de 2013

Algo sobre el inmenso Buñuel. Parte I


Ya sé que llegué tarde a los homenajes por el 30 Aniversario luctuoso del cineasta español Luis Buñuel, pero no importa, nunca es mal tiempo para hablar de uno de los más grandes directores en la historia del cine (para mi gusto, al lado de Bergman, Allen, Wilder, Aristarain, y Kaurismäki)

No muchas cosas nuevas para agregar a las consideraciones artísticas sobre la obra del cineasta aragonés, ya está todo escrito. Sólo quiero compartir mi punto de vista acerca de algunas películas de una filmografía que prácticamente he revisado en su totalidad.

La obra de Buñuel estuvo acotada en gran parte de sus películas por la limitación de recursos, pues a pesar de ser un artista que al inicio de su carrera se concentró en retratar el surrealismo (Un perro andaluz, 1929; La edad de oro, 1930), durante su exilio en México tuvo que integrarse a una industria cinematográfica que estaba en pleno auge comercial, en donde se producían muchas cintas pero con escasez de propuestas autorales, por lo que el español tuvo que disfrazar su muy personal visión cinematográfica con trajes de melodrama convencional. Y me parece que esa condición, paradójicamente, le hizo filmar algunas de sus mejores películas.

De la época mexicana de Buñuel destaco (como muchos) principalmente Los Olvidados (1950), El Ángel Exterminador (1962), Nazarín (1959), El Bruto (1953) y Ensayo de un Crimen (1955), películas que a pesar de su narrativa dramática convencional y sus situaciones de fórmula en determinados momentos, me han regalado como espectador lo que más aprecio del cine: que me entretenga, que me invite a la reflexión, que me emocione y que me deje recuerdos perdurables.

Él
                 
De todas las películas que Buñuel rodó en México mi favorita es Él (1953). Esta cinta se centra en desmenuzar al personaje de Francisco (Arturo de Córdova), un cuarentón acaudalado muy conservador, estrictamente devoto y cortés ante los ojos de sus cercanos. Un día conoce en una iglesia a Gloria (Delia Garcés), una joven que se encontraba inmersa en una relación sentimental precisamente con un conocido de Francisco. Sin embargo, el protagonista logra seducir a la dama y terminan inmiscuyéndose en una relación que finalmente se cristalizará en el matrimonio. Durante el breve noviazgo la cosa parecía ser color rosa, pero en la misma noche de bodas Francisco comienza a dar señas de lo que serán unos celos enfermizos que lo aquejan, poca cosa comparada con lo que mostrará el personaje sobre la mitad y el final del relato.


Buñuel no sólo nos muestra con Él la doble moral de la aristocracia, también retrata sin concesión la paranoia de un tipo que culmina en el delirio total. Todo Buñuel está presente en esta cinta: su lado surrealista, la mordaz crítica a las clases socioeconómicas altas, la constante devaluación de la religiosidad, los personajes centrales siempre perturbados, la ironía y esa visión del lado obscuro de la humanidad.

Destacadísimas las interpretaciones que en muchas ocasiones eran el lado flaco de la época de Buñuel en México, con un Arturo de Córdova inmenso, sin duda en su mejor trabajo; una Delia Garcés, de quien tengo nulos referentes, que en esta cinta se ve realmente atormentada, indefensa, totalmente como una víctima perfecta ante el monstruo que la acompaña; también está el sacerdote, Carlos Martínez Baena, un religioso que a un kilómetro se le ve la impostura de la fe, que de alguna manera es cómplice del mal que rodea a la trama, pero que retrata a la perfección el verdadero lastre maquillado en las apariencias que representan para muchos las figuras eclesiásticas.


Me llama la atención esta película porque en muchos momentos me identifico con el trastornado protagonista, en el sentido de que, aunque en diferentes proporciones, me habla de sensaciones que he encontrado en alguno que otro momento de mi vida. Ahí está el enamoramiento obsesivo, los celos infundados, la misantropía y las malditas apariencias que por más que uno diga que no siempre salen a relucir. El mismo Luis Buñuel declaró que el personaje de Francisco es posiblemente el que más lo descubría como persona, una especie de álter ego.

Es posible que Él sea la película que mejor retrata la psicología de un personaje central, presentándonos las actitudes del mismo en sus niveles social, familiar y personal.


Avance cinematográfico de Él

Sorprende que el filme haya sido un fracaso en México al momento de su estreno, pues en todo el mundo se cataloga a esta película como una de las obras más importantes de Buñuel y, en general, es una cinta clave en la historia del cine mexicano. Junto con El Compadre Mendoza (Fernando de Fuentes, 1934), Él es para este quien escribe lo más alto a lo que ha llegado el cine nacional hasta hoy. Dentro de la filmografía de Buñuel es una de mis dos películas favoritas, al lado de esa prodigiosa obra titulada Tristana (1970).

Tenía pensado extenderme más en esta revisión de Luis Buñuel, pero dejo para una segunda entrega algo de la etapa europea del cineasta.

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