Estamos en pleno verano
cinematográfico y, como es evidente, las alternativas para quienes gustamos del
cine de autor se ven completamente reducidas. De esta forma, cuando en la
cartelera tienes opciones como Mi Villano
Favorito 2, Monsters University o
El Hombre de Acero, no se tiene más alternativa
que seleccionar la menos mala a juicio propio. También está la opción de
quedarte a disfrutar de las películas favoritas, las que se tienen en casa, pero
—lo acepto— para mí el hecho de entrar a la sala oscura del cine tiene
connotaciones ceremoniales, es como un rito. Y si en las ciudades pequeñas no
hay alternativas culturales cinematográficas, pues no queda de otra, al
multisalas.
Dicho lo anterior, de todas
las opciones que me ofrecía la cartelera comercial decidí acercarme a Guerra Mundial Z, película dirigida por
el cineasta suizo Marc Forster.
De Foster no he visto mucho,
pero sí me quedó en la memoria El Pasado
Nos Condena (2001), uno de esos potentes dramas que te deja enganchado y
del que terminas acordándote por un buen tiempo. Con un guion trasladado a la
pantalla de manera muy solvente y una triada interpretativa más que buena;
jamás he visto a Halle Berry (se llevó el Oscar ese año) y a Billy Bob Thornton
actuar de la manera tan realista como lo hicieron (mérito de Forster), sumados
al fallecido Heath Ledger, de calidad histriónica comprobada.
Otra cinta destacada del
cineasta es ese ejercicio experimental narrativo que supuso Más Extraño que la Ficción (2006), en el que una historia común y
corriente se transforma al momento de que su protagonista (Will Ferrell) se da
cuenta de que hay un autor omnisciente encargado de determinar su destino. Muy
buena película.
Aparte de las mencionadas,
Marc Forster tiene en su haber cintas tan heterogéneas como Descubriendo el País de Nunca Jamás
(2004) o 007: Quantum (2008). Está
claro que el cineasta no es un artista interesado en acercarnos a su universo
personal, más bien es un tipo con oficio técnico y una gran capacidad de
eficacia narrativa; o sea, alguien que sacó muy buen provecho de sus clases en
la escuela de cine.
CINE
COMERCIAL Y ¿ZOMBIS?
Guerra
Mundial Z nos mete en la vida de una familia neoyorkina, mamá
(Mireille Enos), papá (Brad Pitt) e hijas, quienes parecen estar pasando un día
como tantos otros. De pronto, la ciudad comienza a convulsionarse a causa de un
virus contraído por habitantes de la zona, quienes se ponen como desquiciados, fuera
de su estado normal, mostrándose agresivos contra la población. Luego de esto,
se nos revela que Pitt es un destacado trabajador de la ONU, con experiencia en
investigaciones alrededor del mundo. Será entonces misión de Pitt encontrar la
cura de la fatal enfermedad convertida en pandemia, meta para la cual
comprometerá su vida y la de su familia. Para ello viaja por el mundo (Corea
del Sur, Israel y Gales) en busca de respuestas y soluciones.
La película me la vendieron
como de zombis, sin embargo, debo
confesar que lo que vi en pantalla dista mucho de los códigos encerrados en un
título tan emblemático como La Noche de
los Muertos Vivientes (George A. Romero 1968), en donde estábamos ante una
serie de criaturas resucitadas, mismas que caminaban lento y sólo querían comer
humanos. Sin ser un experto en la materia, como zombi entiendo muerto viviente y en Guerra Mundial Z estamos más ante personas
que han sido infectadas, que sólo están en busca de infectar a los demás (¿por
qué?, no sé), un fenómeno más parecido al de Exterminio (Danny Boyle, 2002). Las criaturas antagónicas en este
caso, a diferencia del zombi convencional, parecen estar llenas de vigor,
obsesionadas con saciar sus deseos de morder a los humanos. Hay secuencias muy
emocionantes de persecuciones masivas que hacen las criaturas.
En Guerra Mundial Z hay acción, suspenso y ciencia ficción; es
básicamente un thriller de fórmula hecho a la medida de Brad Pitt (aparte de
protagonista es productor de la cinta), aunque esto no cansa propiamente. A mí
me queda claro que cuando a Pitt lo dirige un cineasta inteligente o de menos
con oficio, puede llegar a entregarnos interpretaciones bastante destacadas; basta
remitirse a títulos como Entrevista con
el Vampiro (Neil Jordan, 1994), Seven
(David Fincher, 1995) o esa incontestable obra maestra titulada El Árbol de la Vida (Terrence Malick,
2011).
Sin duda Guerra Mundial Z me mantuvo entretenido
las casi de dos horas que duró, pero no soy un seguidor de esas historias de
héroes gringos a los que la bala les pasa a un milímetro del cuerpo. Lo que
particularmente me disgustó en la cinta fue una secuencia en la que palestinos
e israelís se encuentran cantando juntos, mostrando su unión pacífica contra
los seres infectados, como si esa hermandad fuera un escenario ideal, obviando
todos los antecedentes político-bélicos de la realidad; esa visión política tan
burda como imperialista de la que Hollywood es en gran medida un canal
propagandístico no me gusta para nada.
Avance cinematográfico Guerra Mundial Z



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