El decir que una película (o
cualquier manifestación artística) es buena o mala tiene que ver totalmente con
la percepción del espectador. Es como aquellos deportes en donde el ganador se
decide a partir de la apreciación de un jurado (los clavados o la gimnasia
rítmica).
Para mí el cine se sostiene
a partir de tres objetivos básicos: que invite a la reflexión, que emocione o
que mínimamente te entretenga. Si califico a cintas como Pickpocket (Robert Bresson, 1959), Crímenes y Pecados (Woody Allen, 1989) o Sueños de Fuga (Frank Darabont, 1994) como obras maestras, es
porque cumplen en rigor los tres puntos seminales que mencioné.
Como en lo bueno, también
para lo malo tengo claras las características que definen a un filme como deficiente.
Principalmente detesto que a través del cine me digan, sin más, que algo es
bueno o malo; que cuando se trate de una comedia, la narración se sustente a
partir de prejuicios sociales; que las historias que se cuentan sigan al pie de
la letra las fórmulas preconcebidas del cine comercial; que la trama me aburra
o que se trate de alguna manifestación artística con más pretensión que fondo
(entre otras muchas características).
Como ejemplo de lo anterior, hago referencia
a la que considero una de las peores películas que he visto en mi vida (que son
muchas), una película totalmente
fallida: Más Allá de la Luz (Frank
Darier Baziere, 2010).
Sustentado en lo que
mencioné anteriormente, lo mínimo que se le puede pedir a una película por la
cual pagaste una entrada (nada barata) es que de menos te entretenga un rato.
Hay cintas que propiamente
son fallidas pero que no podría calificar como cargantes. Simplemente son
ejercicios fílmicos que no conectan con uno.
La película mexicana No Quiero Dormir Sola (2012) trata de
una joven (Mariana Gajá) que se encuentra experimentando un vacío de vida total
y que tiene como particular problema el no poder dormir por las noches. A sus contrariedades
existenciales se suma su abuela (Adriana Roel), una anciana solitaria que en su
juventud fue una reconocida actriz pero que en la actualidad presenta indicios
de esa enfermedad tan horrible que es el Alzheimer, aparte de ser una
alcohólica que también tiene problemas para conciliar el sueño.
La nieta, muy a su pesar,
tiene que cuidar a la abuela, mostrándonos una relación de nula afectividad.
No
Quiero Dormir Sola es la ópera prima de Natalia Beristain.
Quizá no haya más que agregar al respecto.
La película me deja
indiferente, en ningún momento siento empatía por los personajes; a pesar tener
una duración que apenas sobrepasa la hora, me parece fatigosa. A la
protagonista no le creo ni cuando se muerde las uñas. El realismo del cual se
intenta dotar al filme es fallido, no me parecen naturales las situaciones ni a
los personajes, no obstante que lo filmado seguramente se vive con frecuencia
en la cotidianeidad.
Por lo que me dicen me perdí
de un punto clave en la cinta, sobre el final, cuando aparentemente se genera
algún indicio de cariño entre la abuela y la nieta, pero debo decir que la
narración me provocó constantes bostezos que terminaron por tumbarme en mi
butaca durante algunos minutos.
También me cuentan que No Quiero Dormir Sola tiene aires
formales del escritor ruso Antón Chéjov, en el sentido de que el relato se
presenta a manera de pieza dramática; a mí me dio igual, yo sólo sé que no
tengo nada que ver con lo que sucede en la mencionada película.
Avance cinematográfico de No Quiero Dormir Sola
Eso sí, no cuestiono la
honestidad con la que se pudo haber filmado la obra, incluso no creo que peque
de pretenciosa, simplemente es una cinta olvidable, vacía.
En todo caso, si se quiere
ver una historia que te hable de soledad y de actrices en decadencia, sugiero
acercarse a El Ocaso de Una Estrella
(Billy Wilder, 1950); o, si se quiere apreciar la desdicha de la pérdida de la
memoria en la senectud, mejor acérquese a un título como El Hijo de la Novia (Juan José Campanella, 2001). Las dos son
cintas que te roban el respiro de principio a fin y perduran en la memoria. Son
historias universales.
Se nota que No Quiero Dormir Sola es una sentida
historia personal, pero es demasiado personal; no le importa a su directora lo
que opine el espectador, utiliza al cine sólo como medio de expresión. Una
visión a mi juicio limitada.
P.D. Punto y aparte
la preciosa canción Flores Negras, interpretada
por Elvira Ríos.


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