sábado, 6 de julio de 2013

Cine bueno, malo y olvidable


El decir que una película (o cualquier manifestación artística) es buena o mala tiene que ver totalmente con la percepción del espectador. Es como aquellos deportes en donde el ganador se decide a partir de la apreciación de un jurado (los clavados o la gimnasia rítmica).

Para mí el cine se sostiene a partir de tres objetivos básicos: que invite a la reflexión, que emocione o que mínimamente te entretenga. Si califico a cintas como Pickpocket (Robert Bresson, 1959), Crímenes y Pecados (Woody Allen, 1989) o Sueños de Fuga (Frank Darabont, 1994) como obras maestras, es porque cumplen en rigor los tres puntos seminales que mencioné.

Como en lo bueno, también para lo malo tengo claras las características que definen a un filme como deficiente. Principalmente detesto que a través del cine me digan, sin más, que algo es bueno o malo; que cuando se trate de una comedia, la narración se sustente a partir de prejuicios sociales; que las historias que se cuentan sigan al pie de la letra las fórmulas preconcebidas del cine comercial; que la trama me aburra o que se trate de alguna manifestación artística con más pretensión que fondo (entre otras muchas características). 

Como ejemplo de lo anterior, hago referencia a la que considero una de las peores películas que he visto en mi vida (que son muchas), una película  totalmente fallida: Más Allá de la Luz (Frank Darier Baziere, 2010).


Sustentado en lo que mencioné anteriormente, lo mínimo que se le puede pedir a una película por la cual pagaste una entrada (nada barata) es que de menos te entretenga un rato.

Hay cintas que propiamente son fallidas pero que no podría calificar como cargantes. Simplemente son ejercicios fílmicos que no conectan con uno.

La película mexicana No Quiero Dormir Sola (2012) trata de una joven (Mariana Gajá) que se encuentra experimentando un vacío de vida total y que tiene como particular problema el no poder dormir por las noches. A sus contrariedades existenciales se suma su abuela (Adriana Roel), una anciana solitaria que en su juventud fue una reconocida actriz pero que en la actualidad presenta indicios de esa enfermedad tan horrible que es el Alzheimer, aparte de ser una alcohólica que también tiene problemas para conciliar el sueño.

La nieta, muy a su pesar, tiene que cuidar a la abuela, mostrándonos una relación de nula afectividad.


No Quiero Dormir Sola es la ópera prima de Natalia Beristain. Quizá no haya más que agregar al respecto.

La película me deja indiferente, en ningún momento siento empatía por los personajes; a pesar tener una duración que apenas sobrepasa la hora, me parece fatigosa. A la protagonista no le creo ni cuando se muerde las uñas. El realismo del cual se intenta dotar al filme es fallido, no me parecen naturales las situaciones ni a los personajes, no obstante que lo filmado seguramente se vive con frecuencia en la cotidianeidad.

Por lo que me dicen me perdí de un punto clave en la cinta, sobre el final, cuando aparentemente se genera algún indicio de cariño entre la abuela y la nieta, pero debo decir que la narración me provocó constantes bostezos que terminaron por tumbarme en mi butaca durante algunos minutos.

También me cuentan que No Quiero Dormir Sola tiene aires formales del escritor ruso Antón Chéjov, en el sentido de que el relato se presenta a manera de pieza dramática; a mí me dio igual, yo sólo sé que no tengo nada que ver con lo que sucede en la mencionada película.



Avance cinematográfico de No Quiero Dormir Sola

Eso sí, no cuestiono la honestidad con la que se pudo haber filmado la obra, incluso no creo que peque de pretenciosa, simplemente es una cinta olvidable, vacía.

En todo caso, si se quiere ver una historia que te hable de soledad y de actrices en decadencia, sugiero acercarse a El Ocaso de Una Estrella (Billy Wilder, 1950); o, si se quiere apreciar la desdicha de la pérdida de la memoria en la senectud, mejor acérquese a un título como El Hijo de la Novia (Juan José Campanella, 2001). Las dos son cintas que te roban el respiro de principio a fin y perduran en la memoria. Son historias universales.

Se nota que No Quiero Dormir Sola es una sentida historia personal, pero es demasiado personal; no le importa a su directora lo que opine el espectador, utiliza al cine sólo como medio de expresión. Una visión a mi juicio limitada.

P.D. Punto y aparte la preciosa canción Flores Negras, interpretada por Elvira Ríos.

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