Un joven con trastorno de bipolaridad (Bradley
Cooper; ¿Qué pasó ayer?, 2009), es sacado de una clínica de
rehabilitación para continuar su tratamiento en casa, con papá y mamá (Robert
De Niro y Jacki Weaver, respectivamente). El tipo vive bajo el permanente
recuerdo de la infidelidad cometida por quien todavía en los papeles es su
esposa aunque, de facto, le ha puesto una restricción de proximidad y no la
puede ver.
Al inicio me lo creo completamente, siento
compasión por él, de alguna forma tengo empatía por ese personaje. Pasan los
minutos y comienza a parecerme reiterativo. Alrededor del joven están sus
padres que progresivamente hacen que la historia se torne simplona y burda,
contrastando con el lado autodestructivo de los problemas psico-emocionales que
se plantearon en un inicio.
Después aparece la figura seductora (Jennifer
Lawrence; Fuego, 2008), una mujer que fungirá como pivote narrativo
para darle la vuelta a la trama y circunscribirla en el género de la comedia
romántica.
Debo decir que me sorprendió la interpretación de
Cooper, alguien de quien tenía como referencia pura sandez, pero que en esta
cinta demuestra que con el apoyo de una dirección adecuada sus registros pueden
llegar a ser algo más que simplones. Me ocurre lo contrario con la alabadísima
Lawrence, actriz que da vida correctamente al personaje que le asignaron
(trastornada, explosiva y algo oscura) pero que para nada me transmite algo más
que el simple oficio histriónico.
Avance cinematográfico de Silver Linings Playbook
El director David O. Russell (The
Fighter, 2010) se ve que tenía en mente hacer una cinta de corte
independiente y fuera de la convención, con cámara en mano y escenarios urbanos
clase medieros, pero dada la necesidad industrial tuvo que recular y ceñirse en
los esquemas comerciales de la eficacia taquillera.
Por momentos el trazo de la relación entre
Cooper y Lawrence me recordó a la pareja de Eterno
Resplandor de una Mente sin Recuerdos (Michel
Gondry, 2004), en donde vemos a dos amantes estridentes, irónicos y convulsos,
recayendo a final de cuentas en lo meloso.
Debo decir que está película la
vi después de haberme fumado una cosa llamada La
Posesión de Sally (Pat
Holden, 2012), una verdadera pérdida de tiempo cinematográfico, por lo cual
seguramente mis juicios sobre la obra en cuestión no sean lo duros que deberían
ser. En otras palabras, para lo que se encuentra en el alicaído cine comercial, Los Juegos del Destino supera a las películas promedio por un
pelín.

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