martes, 16 de abril de 2013

‘Los juegos del destino’: compro drama y me llevo comedia romántica


Un joven con trastorno de bipolaridad (Bradley Cooper; ¿Qué pasó ayer?, 2009), es sacado de una clínica de rehabilitación para continuar su tratamiento en casa, con papá y mamá (Robert De Niro y Jacki Weaver, respectivamente). El tipo vive bajo el permanente recuerdo de la infidelidad cometida por quien todavía en los papeles es su esposa aunque, de facto, le ha puesto una restricción de proximidad y no la puede ver.

Al inicio me lo creo completamente, siento compasión por él, de alguna forma tengo empatía por ese personaje. Pasan los minutos y comienza a parecerme reiterativo. Alrededor del joven están sus padres que progresivamente hacen que la historia se torne simplona y burda, contrastando con el lado autodestructivo de los problemas psico-emocionales que se plantearon en un inicio.

Después aparece la figura seductora (Jennifer Lawrence; Fuego, 2008), una mujer que fungirá como pivote narrativo para darle la vuelta a la trama y circunscribirla en el género de la comedia romántica.


Debo decir que me sorprendió la interpretación de Cooper, alguien de quien tenía como referencia pura sandez, pero que en esta cinta demuestra que con el apoyo de una dirección adecuada sus registros pueden llegar a ser algo más que simplones. Me ocurre lo contrario con la alabadísima Lawrence, actriz que da vida correctamente al personaje que le asignaron (trastornada, explosiva y algo oscura) pero que para nada me transmite algo más que el simple oficio histriónico.


Avance cinematográfico de Silver Linings Playbook

El director David O. Russell (The Fighter, 2010) se ve que tenía en mente hacer una cinta de corte independiente y fuera de la convención, con cámara en mano y escenarios urbanos clase medieros, pero dada la necesidad industrial tuvo que recular y ceñirse en los esquemas comerciales de la eficacia taquillera.

Por momentos el trazo de la relación entre Cooper y Lawrence me recordó a la pareja de Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos (Michel Gondry, 2004), en donde vemos a dos amantes estridentes, irónicos y convulsos, recayendo a final de cuentas en lo meloso.


Debo decir que está película la vi después de haberme fumado una cosa llamada La Posesión de Sally (Pat Holden, 2012), una verdadera pérdida de tiempo cinematográfico, por lo cual seguramente mis juicios sobre la obra en cuestión no sean lo duros que deberían ser. En otras palabras, para lo que se encuentra en el alicaído cine comercial, Los Juegos del Destino supera a las películas promedio por un pelín.

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