lunes, 18 de marzo de 2013

Chávez no era el diablo


Durante aproximadamente una década los medios masivos de comunicación (principalmente electrónicos) de los países alineados al eje imperialista (subordinados a Estados Unidos y al Fondo Monetario Internacional) nos contaron una y otra vez lo malo que era un militar venezolano, un hombre que formó parte de un golpe de estado y que después ganó diversos procesos electorales para establecerse como el presidente de la hoy conocida como República Bolivariana de Venezuela; el susodicho, nada menos que Hugo Chávez Frías (1954-2013).

Ante la vorágine global tendenciosa más bien desinformativa, el cineasta estadunidense Oliver Stone (Pelotón, 1986) se dispuso a desmentir y a mostrarnos el lado bueno de las cosas. En 2009 presentó el documental Al Sur de la Frontera, cinta que en esencia retrata el trabajo socialista de los presidentes de Bolivia (Evo Morales), Paraguay (Fernando Lugo), Argentina (Cristina Fernández), Ecuador (Rafael Correa) y Cuba (Raúl Castro), haciendo énfasis en gobierno de Venezuela que encabezó el hoy difunto comandante Chávez.

Cinematográficamente hablando, Al Sur de la Frontera no nos muestra nada nuevo ni narrativamente original, es más, me parece correcto afirmar que se trata de un trabajo tendencioso. Personalmente, aunque reconozco el tufo maniqueista ejercido por Stone, para mí está plenamente justificado toda vez que hay muy pocas o casi nulas ventanas masivas que permitan conocer las labores de los mandatarios sudamericanos que, con distintos matices, han cargado en alguna medida la balanza política hacia el socialismo (Chávez a la cabeza).


Me gusta lo que veo porque concuerdo con ello en lo ideológico, pero esto mismo hace que los juicios vertidos luego de la apreciación del filme sean más subjetivos de lo normal, esto al momento de calificar que tan buena o mala es una película.


El director no se sale de la línea narrativa que nos había presentado con anterioridad en los también documentales Comandante (2003) y Looking for Fidel (2004), en donde nos muestra el lado humano de la cabeza de la Revolución Cubana, el decano Fidel Castro.


Oliver Stone sabe en qué momento político se encuentra el mundo y, como un respaldo a los líderes opacados por los poderes neoliberales globales, simplemente da exposición al lado menos expuesto de los  gobernantes no alineados, concretamente a Hugo Chávez, una figura que ya es mítica tanto por sus aportaciones sociales como por lo vilipendiado que ha sido como actante político.

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