sábado, 2 de marzo de 2013

Actores siempre perfectos: Liv Ullmann


Hay días en los que quisiera poner la cabeza en suspensión y sólo dejar pasar algo de tiempo, a manera de un ejercicio de oxigenación neuronal y reposo físico. Pero la misma vida no deja. Ante eso, sólo me queda rememorar aquello con lo que gozo, cosas infalibles que sí o sí disfruto. En mi caso es el cine y, particularmente, escribiré sobre la presencia  frente a la cámara de Liv Ullmann.

Haciendo un ejercicio retrospectivo me di cuenta de que en realidad no he visto tantas películas de esta prodigiosa señora: a lo mucho supero la decena de filmes. Pero qué filmes. Evidentemente todos me remiten al nombre de un cineasta: Ingmar Bergman.
Es claro que Ullmann no es de esas intérpretes camaleónicas estilo Joan Fontaine (Rebeca 1940) o  Helen Mirren (El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, 1989) pues su presencia jamás pasa de la vista, ya que uno inmediatamente se percata que es ella en cualquier papel que interprete. Pero eso no la hace peor. Siempre sabes que es Liv Ullmann pero su grandeza consiste en mostrarte las poliédricas facetas de una misma personalidad.


Fragmento de Cara a Cara (Ingmar Bergman, 1976)

En Persona (1966) encarnó a una enigmática actriz en terapia psicofisiológica buscando recuperar el habla, comunicando tremendas emociones literalmente sólo con su presencia; con La Hora del Lobo (1967) la vi en permanente melancolía, compartiendo el demencial sufrimiento de su marido (Max von Sydow), haciéndome sentir la necesidad de cruzar la pantalla para consolarla; en Gritos y Susurros (1972) se pone en un estado lascivo que enamora a la vez causa en ocasiones pena ajena, con una personalidad un tanto juguetona y cobarde; quizá Secretos de un Matrimonio (1973) sea su apoteosis interpretativa, encarnando a una abogada que vive un matrimonio aparentemente común, desmenuzándose progresivamente hasta su extinción, donde ella pasa de ser una esposa sometida a una liberada; con Cara a Cara (1976) regaló un tremendo monólogo final, en donde muestra a una psiquiatra al borde del delirio; Sonata de Otoño (1978) representó un gran reto para ella pues se enfrascó en un duelo interpretativo con la legendaria Ingrid Bergman, en donde palmo a palmo recrean una ambivalente conflictiva relación madre-hija; finalmente, me salto hasta 2003 porque en Saraband retoma el papel de Marianne, 30 años después de Secretos de un Matrimonio, en donde personifica a una mujer madura, sensible, fuerte y algo nostálgica.

A mi juicio, Liv Ullmann es la más grande actriz que ha dado el cine porque sabe transmitir todo tipo de emociones y, sobre todo, su presencia en pantalla es magnética, como ninguna otra. Lo único que lamento es no haber visto el total de las películas en las que aparece esta gran mujer.

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