lunes, 18 de febrero de 2013

Mismo fondo distinta forma: ‘Argo’ y ‘La noche más oscura’


Me fue inevitable seguir tirando del hilo luego de que alguien refirió un comparativo entre Argo (Ben Affleck) y La Noche más Oscura (Kathryn Bigelow). Conforme fui rememorando los filmes, me vinieron ideas sobre las características de cada uno, llegando a la conclusión de que uno posee lo que al otro le falta. Debo aclarar que a mi juicio ambas películas son perfectamente gozables, tienen todo lo que uno le puede pedir a un buen thriller político.

En la cinta dirigida por Affleck estamos tras una misión de rescate de un grupo de funcionarios estadunidenses que se encuentran cautivos en Irán, en su propia embajada, en los tiempos del surgimiento de Ayatolá Jomeini, a finales de los años setenta. Nos muestran a un especialista en el rescate de compatriotas secuestrados en países enemigos, mismo que determina fingir la producción de una película con el fin de introducirse en tierras persas. Por su parte, el filme de la canadiense Bigelow retrata la operación militar multianual que se llevó a cabo para dar con el paradero del enemigo máximo de los Estados Unidos (¿será?) a principios del siglo XXI, Osama Bin Laden. En ambos casos estamos siguiéndoles los pasos a agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés), y en ambos casos el enemigo se ubica en Medio Oriente. Evidentemente, ante este par de escenarios, la lógica hollywoodense nos diría que los héroes gringos se sobreponen al final y vencen a los malvados musulmanes. La estructura claro que no falla, pero es en la forma en donde encontramos los matices.


Así, en Argo se experimentan grandes momentos emoción, de buen suspenso (su culmen, justo cuando intentan escapar del aeropuerto de Terán); se nos plantea un asunto totalmente maniqueo, donde los buenos son los norteamericanos y los malvados los iraníes; el protagonista (interpretado por el propio Affleck) está sumamente contenido, dotado de cierta perfección que no genera empatía con quien lo observa; y, finalmente, los compañeros de reparto le dan verdadera vitalidad al desarrollo de la propia historia, particularmente los productores de la falsa película recreados por los siempre entrañables John Goodman y Alan Arkin. En cambio, en La Noche Más Oscura estamos ante un desenvolvimiento dramático sin alteraciones, plano si se quiere; tenemos un punto de vista totalmente alejado de tomar partido por alguna de las fuerzas en oposición; se nos muestra a la protagonista (una inmensa Jessica Chastain) sumamente compleja, que inicia con dudas sobre los métodos de tortura empleados para hacer confesar a los sospechosos, pasando por la obsesiva certeza de tener que dar con el enemigo y desembocando en una incertidumbre inquietante; finalmente, los personajes secundarios podemos decir que lucen más bien deslucidos, sí al servicio de la trama pero rápidamente olvidables.


 Las dos películas fueron creadas por cineastas que conocen el lenguaje fílmico, no hay duda, pero le voy más a la de Bigelow porque propone los hechos esperando que el espectador diserte sobre lo legítimo o ilegítimo del actuar en cada circunstancia dada. Affleck emociona pero a través de las fórmulas consonantes con el más clásico de los discursos imperialistas.

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