Pensar en películas que se sustenten a partir de la afinidad de un par
de personas en situaciones complejas, casi siempre adversas, es remitirse a
obras que hoy se consideran clásicas. Por ejemplo, rememoro ese portento
de drama carcelario llamado «Sueño de Fuga» (Frank Darabont, 1992), en donde
Tim Robbins y Morgan Freeman sobreviven en prisión, apoyándose de manera mutua,
con la fuerza que se brindan el uno al otro. Una cinta que es sinónimo de la
perfección.
En el papel, el filme «Amigos» (Intouchables, Olivier Nakache y
Eric Toledano; 2011) se me figuraba como una cruza argumental entre «Paseando a
Miss Daisy» (Bruce Beresford, 1989) y «La Escafandra y la Mariposa (Julian
Schnabel, 2007). Con la primera, evidentemente tendría que ver con esa cuestión
de la diferencia racial y de clases, en cómo es que terminarán teniendo
aproximaciones dos personas tan distintas. Mientras que, con la segunda, evidentemente
la condición de la discapacidad es lo que las estaría asemejando, teniendo
expectativas sobre el enfoque emocional que se le daría a esa condición.
Pero apareció el elemento de la comedia; la comedia negra.
En los avances cinematográficos,
«Amigos» me enseñaba todos los ingredientes que detesto de las comedias
dramáticas: me esperaba un humor muy básico, una trama que haría hasta lo
imposible por sacarte la lágrima y, como colofón, ese característica didáctica
que tanto daño le hace al arte y que muchos encaraman cuando aseveran que una
película «tiene mensaje» .
Mi sentido fílmico falló. Eso sí,
«Amigos» sí es una comedia dramática en toda la extensión del término (si es
que existe).
Driss (Omar Sy), por casualidad,
comienza a trabajar cuidando a un aristócrata cuadripléjico, Philippe (François
Cluzet), mismo al que deberá atender día y noche. Philippe, adulto que ronda
los 50 años, está cansado de que permanentemente la gente se esté compadeciendo
de él; ya no quiere generar sólo lástima en sus cercanos. Por su parte, Driss
es un joven marginado que vive de subvenciones pero, eso sí, con una honestidad
a prueba de fallas y un ácido sentido del humor; también tiene problemas
familiares.
A las
características mencionadas, hay que añadir el hecho de que uno es blanco y el
otro negro, y que uno es refinado y el otro vulgar, lo cual hace impensable que
Philippe y Driss construyan la amistad que terminarán teniendo.
En
términos generales, «Amigos» es una cinta que divierte y que conmueve, sin
hacerlo para nada de forma gratuita. A pesar de la condición física de
Philippe, el centro de su drama personal se enfoca no en la lástima que uno le
pueda llegar a tener, más bien se nos muestra una carencia afectiva íntima y
una necesidad por no minimizarse ante las personas que le rodean; es un hombre
ávido de franqueza. Por su parte, lo interesante de Driss es que su conflicto
dramático radica en la falta de aspiraciones, en el desapego familiar, siendo
esencialmente un tipo «pragmático» (como él mismo terminará definiéndose).
Pese a
todo lo bueno que tiene esta película, me parece equívocamente reiterativa, ya
que es un chiste tras otro, sin que todos ellos sean afortunados.
Me
pareció también que, en aras de darle juego a las situaciones preparativas de
tal o cual gag en pantalla, se descuidaron los dramas personales de ambos
protagonistas, obstruyendo una mayor intensidad en las emociones causadas por
los conflictos respectivos.
Francamente
no tengo antecedentes sobre películas de Olivier Nakache y Eric Toledano,
coguionistas y codirectores, pero «Amigos» puede marcar un precedente sobre un
universo por explorar, con un humor bastante original pero a todas luces
perfectible.


No hay comentarios:
Publicar un comentario