sábado, 3 de noviembre de 2012

Risas y emociones con ‘Amigos’

Pensar en películas que se sustenten a partir de la afinidad de un par de personas en situaciones complejas, casi siempre adversas, es remitirse a obras que hoy se consideran clásicas. Por ejemplo,  rememoro ese portento de drama carcelario llamado «Sueño de Fuga» (Frank Darabont, 1992), en donde Tim Robbins y Morgan Freeman sobreviven en prisión, apoyándose de manera mutua, con la fuerza que se brindan el uno al otro. Una cinta que es sinónimo de la perfección.
En el papel, el filme «Amigos» (Intouchables, Olivier Nakache y Eric Toledano; 2011) se me figuraba como una cruza argumental entre «Paseando a Miss Daisy» (Bruce Beresford, 1989) y «La Escafandra y la Mariposa (Julian Schnabel, 2007). Con la primera, evidentemente tendría que ver con esa cuestión de la diferencia racial y de clases, en cómo es que terminarán teniendo aproximaciones dos personas tan distintas. Mientras que, con la segunda, evidentemente la condición de la discapacidad es lo que las estaría asemejando, teniendo expectativas sobre el enfoque emocional que se le daría a esa condición.


Pero apareció el elemento de la comedia; la comedia negra.


En los avances cinematográficos, «Amigos» me enseñaba todos los ingredientes que detesto de las comedias dramáticas: me esperaba un humor muy básico, una trama que haría hasta lo imposible por sacarte la lágrima y, como colofón, ese característica didáctica que tanto daño le hace al arte y que muchos encaraman cuando aseveran que una película «tiene mensaje» .

Mi sentido fílmico falló. Eso sí, «Amigos» sí es una comedia dramática en toda la extensión del término (si es que existe).


Driss (Omar Sy), por casualidad, comienza a trabajar cuidando a un aristócrata cuadripléjico, Philippe (François Cluzet), mismo al que deberá atender día y noche. Philippe, adulto que ronda los 50 años, está cansado de que permanentemente la gente se esté compadeciendo de él; ya no quiere generar sólo lástima en sus cercanos. Por su parte, Driss es un joven marginado que vive de subvenciones pero, eso sí, con una honestidad a prueba de fallas  y un ácido sentido del humor; también tiene problemas familiares.


A las características mencionadas, hay que añadir el hecho de que uno es blanco y el otro negro, y que uno es refinado y el otro vulgar, lo cual hace impensable que Philippe y Driss construyan la amistad que terminarán teniendo. 

En términos generales, «Amigos» es una cinta que divierte y que conmueve, sin hacerlo para nada de forma gratuita.  A pesar de la condición física de Philippe, el centro de su drama personal se enfoca no en la lástima que uno le pueda llegar a tener, más bien se nos muestra una carencia afectiva íntima y una necesidad por no minimizarse ante las personas que le rodean; es un hombre ávido de franqueza. Por su parte, lo interesante de Driss es que su conflicto dramático radica en la falta de aspiraciones, en el desapego familiar, siendo esencialmente un tipo «pragmático» (como él mismo terminará definiéndose).

Pese a todo lo bueno que tiene esta película, me parece equívocamente reiterativa, ya que es un chiste tras otro, sin que todos ellos sean afortunados. 

Me pareció también que, en aras de darle juego a las situaciones preparativas de tal o cual gag en pantalla, se descuidaron los dramas personales de ambos protagonistas, obstruyendo una mayor intensidad en las emociones causadas por los conflictos respectivos.


Francamente no tengo antecedentes sobre películas de Olivier Nakache y Eric Toledano, coguionistas y codirectores, pero «Amigos» puede marcar un precedente sobre un universo por explorar, con un humor bastante original pero a todas luces perfectible.

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