domingo, 14 de octubre de 2012

El lado no oscuro de David Lynch



Hace unos años, cuando pensaba en las películas de David Lynch, francamente venía en automático a mi cabeza una sensación de desasosiego, acompañada por un poco de resignación al dar por hecho que igual podría engancharme o no con sus cintas, debido esa cosa que a muchos les gusta llamar posmodernidad, tanto en la forma como en el fondo.

Pero hace muy poco tiempo vi Una historia verdadera (The Straight Story,1999).


Avance cinematográfico de la cinta Una historia verdadera

Está por demás decir que lo principalmente característico en el cine de Lynch es ese universo laberíntico plagado de surrealismo, con tramas generalmente poco susceptibles a ser contadas de manera convencional y, claro, visualmente únicas. Representativas de estos temas recuerdo títulos como Cabeza borradora (1977), Carretera perdida (1997) o Mulholland Drive (2001). Estas cintas puedo decir que en lo general no me desagradaron, pero son títulos que me costaría ver de nueva cuenta porque realmente disfruto sólo pasajes o atmósferas muy puntuales.

Al cineasta oriundo de Montana, Estados Unidos, también se le ha señalado como un renovador de géneros, capaz de innovar las formas en cómo se cuentan los textos fílmicos. Aquí, las obras que he visto son Terciopelo azul (1986) y Corazón Salvaje (1990); a decir verdad me han desagradado. De la primera, eso sí, la música me parece fascinante, en cambio no me enganché para nada con la trama.


De sus cintas narrativamente más convencionales pasé de largo con Dune (1984) —no obstante mi amado Max von Sydow aparece a cuadro— y, sin embargo, El Hombre Elefante (1980) me pareció un drama conmovedor, que tiene un aire a cine clásico delicioso. Era mi cinta favorita dirigida por David Lynch; como un  oasis en el desierto.


Pero llegó Una historia verdadera, cinta que pareciera no tener nada que ver con el resto de los filmes de Lynch. No es así. Aquí seguimos la historia de un anciano cuasi senil (Richard Farnsworth) que vive con su hija (Sissy Spacek), aparentemente retrasada, mismo que se encuentra peleado con su hermano (Harry Dean Stanton) desde hace una década. Pero, al enterarse que este último sufrió un infarto, irá en su búsqueda con el fin de limar asperezas, apelando a aquello de «sangre llama a sangre» —aquí, por ejemplo, vemos a un par de personajes estilo Lynch (Farnsworth y Spacek), marginados, resaltantes del común—. El viejo emprenderá su viaje para reencontrarse con su hermano a bordo de una máquina cortacésped  —acá otro elemento Lynch: el absurdo.

No sé si fue el hecho de que su mujer, Mary Sweeney, colaboró en el guión, pero me parece que Una historia verdadera es por mucho su cinta más conmovedora, quizás en la forma totalmente alejada del surrealismo, pero con cierta fascinación por mostrar hechos hasta cierto punto ilógicos, con ganas de reivindicar aunque sea un poco a los personajes segregados, con el deseo de reflexionar permanentemente dentro de la obra, esta vez haciéndolo de la mano de las emociones.


Junto con El Hombre Elefante, Una historia verdadera es la obra más enternecedora de David Lynch, aquella que demuestra la gran capacidad que el director tiene para ejecutar un cine tremendamente entrañable por lo conmovedor de su contenido, muchas veces eclipsado por esas ganas de que el artista prevalezca, quedando como su sello final; igual Lynch es un autor que está más allá del bien y del mal.

2 comentarios:

  1. Un film, maravilloso, me movió bastante las emociones y entrañas.

    Gracias por compartirlo, totalmente diferente a las otras que he visto de este director, que me han dejado con un poco de duda en cuanto mis gustos y la trama, pero tanto esta como: El hombre elefante, son mis favoritas de Lynch..
    Saludos

    Maricihuatl

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    1. «The Straight Story» siempre me conmoverá; así de cabrona y ambivalente es la vejez. Saludos

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