Hace unos años, cuando pensaba en las películas de
David Lynch, francamente venía en automático a mi cabeza una sensación de
desasosiego, acompañada por un poco de resignación al dar por hecho que igual
podría engancharme o no con sus cintas, debido esa cosa que a muchos les gusta
llamar posmodernidad, tanto en la forma como en el fondo.
Pero hace muy poco tiempo vi Una historia verdadera (The Straight Story,1999).
Avance cinematográfico de la cinta Una historia verdadera
Está por demás decir que lo principalmente característico en el cine de Lynch es ese universo laberíntico plagado de surrealismo, con tramas generalmente poco susceptibles a ser contadas de manera convencional y, claro, visualmente únicas. Representativas de estos temas recuerdo títulos como Cabeza borradora (1977), Carretera perdida (1997) o Mulholland Drive (2001). Estas cintas puedo decir que en lo general no me desagradaron, pero son títulos que me costaría ver de nueva cuenta porque realmente disfruto sólo pasajes o atmósferas muy puntuales.
De sus cintas narrativamente más convencionales pasé de largo con Dune (1984) —no obstante mi amado Max von Sydow aparece a cuadro— y, sin
embargo, El Hombre Elefante (1980) me pareció un drama conmovedor, que tiene
un aire a cine clásico delicioso. Era mi cinta favorita dirigida por David
Lynch; como un oasis en el desierto.
Pero llegó Una historia verdadera, cinta que pareciera no tener nada que ver
con el resto de los filmes de Lynch. No es así. Aquí seguimos la historia de un
anciano cuasi senil (Richard Farnsworth) que vive con su hija (Sissy Spacek),
aparentemente retrasada, mismo que se encuentra peleado con su hermano (Harry
Dean Stanton) desde hace una década. Pero, al enterarse que este último sufrió
un infarto, irá en su búsqueda con el fin de limar asperezas, apelando a
aquello de «sangre llama a sangre» —aquí, por ejemplo, vemos a un par de
personajes estilo Lynch (Farnsworth y Spacek), marginados, resaltantes del
común—. El viejo emprenderá su viaje para reencontrarse con su hermano a bordo
de una máquina cortacésped —acá
otro elemento Lynch: el absurdo.
Junto con El
Hombre Elefante, Una historia verdadera es la obra más enternecedora de David
Lynch, aquella que demuestra la gran capacidad que el director tiene para
ejecutar un cine tremendamente entrañable por lo conmovedor de su contenido,
muchas veces eclipsado por esas ganas de que el artista prevalezca, quedando
como su sello final; igual Lynch es un autor que está más allá del bien y del
mal.




Un film, maravilloso, me movió bastante las emociones y entrañas.
ResponderEliminarGracias por compartirlo, totalmente diferente a las otras que he visto de este director, que me han dejado con un poco de duda en cuanto mis gustos y la trama, pero tanto esta como: El hombre elefante, son mis favoritas de Lynch..
Saludos
Maricihuatl
«The Straight Story» siempre me conmoverá; así de cabrona y ambivalente es la vejez. Saludos
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