Sin embargo, y a pesar de lo anterior, algo en El Artista (Michel Hazanavicius, 2011) no concordaba, ya que rara vez la recepción que se da en los festivales élite del mundo coincide con la opinión de la academia norteamericana de cine. La respuesta, sencilla: una trama susceptible al alabo gratuito y un trabajo de distribución bastante listo. Por un lado la cinta no se cansa de “referenciar” a otros grandes títulos de la historia del cine y, por otra parte, ensalza a la industria gringa desde sus orígenes. Encima de todo te la venden como una película muda, en plena época de desarrollo tecnológico: cómo no va a dar de qué hablar.
(Spoiler)
El Artista tiene un argumento tan corto como plagiario. Un actor todo estrella del
cine silente, George Valentin (Jean Dujardin), experimenta el descenso dentro
del mundo de la actuación al hacerse popular el cine sonoro. Por el contrario,
a la joven actriz Peppy Miller (Bérénice Bejo) le sienta de maravilla la
conversión del mudo al sonoro, pues su carrera asciende rápidamente. Y el final
feliz: los dos terminarán consiguiendo el éxito tras encontrar en el musical y
en sus coreografías un sitio en donde cabe el triunfo de ambos. Cualquiera que
haya visto Cantando Bajo la
Lluvia (Stanley Donen / Gene Kelly, 1952)
notará que más que una inspiración hay un plagio en el argumento del legendario
musical. Incluso los rasgos físicos de Dujardin se asemejan a los del
legendario Gene Kelly.
Las
interpretaciones de los dos protagonistas de El
Artista fastidian. En el caso
de Dujardin, desde el principio, sobreactúa de forma categórica, intentando
emular a algún actor clásico pero dejando un sabor de boca más bien empalagoso.
Por su parte, la también
esposa de Michel Hazanavicius (director de la película), Bérénice Bejo, luce
más bien incipiente; en ningún momento se compagina uno con su situación,
primero de talento incomprendido y, después, de estrella boba con ganas de
ayudar a aquel de quien se ha enamorado. Y lo último que faltaba, que utilicen
a un perrito “tierno” para sacar el suspiro gratuito en el espectador; y lo
consiguen. El único personaje rescatable en la cinta es el siempre adecuado
John Goodman (El Gran
Lebowski, 1998), aunque ningún mérito a la dirección ya que es un
intérprete secundario de lujo que, aunque aparezca junto a una piedra, siempre
lucirá perfecto.
Y
bueno, para esconder aparte los desafortunados gags visuales que para nada se
te quedan en la retina y que apenas una risa contenida sacan (que puede ser de
humor voluntario o involuntario).
¡Qué
culpa tiene Bernard Herrmann!
Y la
gota que derramó vaso, el
más torpe de los homenajes planteados por Hazanavicius:
incluir la música principal de una de las más grandes cintas en la historia del
cine, Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958). ¿Por qué
jodidos se mete con esa obra de arte mayor? Ese fue el momento más bochornoso,
pues para alguien admirador hasta el cansancio de la mencionada cinta de
Hitchcock le pareció ofensivo y de mal gusto escuchar las notas de una de las
bandas sonoras más grandes, compuesta por el gran genio de la música Bernard
Herrmann.
Seguramente
Michel Hazanavicius quedará encumbrado como aquel que realizó la gran película
muda en plena época del cine comercial sonoro, referenciando títulos clásicos
como Ciudadano Kane, Rebeca, Sombrero de Copa, El Ocaso de una Estrella y cualquier otra película que algún
listillo haya detectado; incluso también referenciando a personajes icónicos
como Marilyn Monroe, Douglas Fairbanks, Rodolfo Valentino o Fred Astaire. Pero
no por poner elementos o referencias de otras películas se tiene que calificar
como “magistral” la dirección de una película. Si acaso lo único que demuestra
el cineasta es que ha visto mucho cine, y nada más. Pero en cuanto a frescura,
profundidad o calidad en la narración El
Artista se queda muy cortita.
El
colofón de la gran mentira.
Avance cinematográfico de El Artista
Para ir cerrando, El
Artista no es una película
muda porque contienen banda sonora, en algunos pasajes cuenta incluso con
sonidos incidentales y sobre el final aparecen unos pocos diálogos. Para ver la
esencia del cine mudo les recomendaría que mejor apreciaran esa primera media
hora del largometraje de animación WALL•E (Andrew Stanton, 2008); si lo que
prefieren ver es una película sin diálogos, acérquense a La
Guerra del Fuego (Jean-Jacques
Annaud, 1981); o, en su defecto, si lo que se busca es experimentar una
película muda en una época en donde el cine sonoro ya era toda una realidad,
pueden apreciar el título La
Última Locura (Mel Brooks,
1976); finalmente, si lo suyo es el cine dentro del cine, qué mejor que
observarlo en la magistral La Rosa
Púrpura del Cairo (Woody
Allen, 1985).
Pero el atraco ya está hecho, la
cinta ha ganado innumerables premios y seguro se alzará con más de un Oscar en
la siguiente edición de los premios de la academia estadounidense, quedando en
la historia como un hito del cine. Qué vergüenza, francamente da coraje que
quite espacios en las salas de cine a otros títulos que muy seguramente son más
interesantes y mejor llevados. Muy posiblemente El Artista tampoco sea la peor película del
mundo, pero sí una de las más
infladas.




tu mama...
ResponderEliminarEso queeeeee??.
EliminarAh la inmadurez del humano
No hablemos de mamas que este es un espacio dedicado al cine y no a la anatomía. Además no poseo pues soy varón.
EliminarPues bueno, no conozco sobre este filme, confío en tus comentarios aunque me latería verla pa saber lo falso y las copias que ha hecho!!!
ResponderEliminarSaludos
Y ese anónimo, bastante infantil!!
Maricihuatl
COINCIDO TOTALMENTE CON LA CRITICA. SALUDOS
ResponderEliminarconcuerdo que "el artista" esta mas inflada de lo que debiera ser...
ResponderEliminarchaplin se esta revolcando en su tumba
Yo vi el trailer y me enamoré, esperaba con ansias el estreno pero también me decepcioné al verla. Toda la magia, el estilo y el tino para recrear el cine de esa época que vi en el trailer ya se había ido desde la mitad de la película. La historia es horrible, es más maduro, trascendental (y para empezar, divertido) un capítulo de Betty Boop. Dujardin está hermoso, pero lo único que sabe hacer es sacar su sonrisita galana. Bejo tiene ángel pero su papel es terriblemente tetho y eso de usar a perro para conseguir empatía con el público es como del Circo Atayde. Estoy seguro de que si hubieran hecho esa película a colores, habría fracasado y ni Hallmark la hubiera querido hacer, por lo tanto no se sostiene por méritos propios sino necesita de efectos y toques nostálgicos cuya crítica amará mientras parezca retro.
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