Luego de que en
el pasado Festival de Cannes se le otorgara la Palma de Oro a una película
dirigida por el mítico cineasta estadounidense Terrence Malick, a muchos nos ha
dado por rememorar alguno de sus cuatro filmes anteriores, rodados en un
periodo que abarca casi 40 años. Y es que la impaciencia se apodera de nosotros
pues su más reciente y laureada cinta, El Árbol de la Vida (2011),
al parecer llegará a las pantallas comerciales mexicanas a finales de este año;
primero se había manejado que el 16 de diciembre y ahora parece que en este
mismo mes de octubre (claro, a la Ciudad de México, habrá que ver en provincia
hasta cuándo).
Surgida como la segunda adaptación cinematográfica de la
novela escrita en 1962 por el estadounidense James Jones (la primera
dirigida en 1964 por Andrew Marton bajo el nombre de El
Ataque Duró Siete Días), además representó la vuelta al trabajo fílmico de
Malick tras veinte años, luego de haber realizado en 1978 Días
del Cielo. La película se ambienta en la Segunda Guerra Mundial,
concretamente en una batalla librada en la isla de Guadalcanal, en 1942, cuando
un grupo de soldados estadounidenses buscan conquistar, como medida
estratégica, la isla que se encuentra tomada por sus principales oponentes en
el mencionado acontecimiento bélico: los japoneses.
La Delgada Línea Roja constituye, ante todo, un alegato por la paz a través de
la desoladora y paradójica gesta militar, en donde un grupo de personas es
llevado contra sus propias voluntades a enfrentarse contra sus similares, en
una batalla de hombres contra hombres, con todo lo que esto representa. Vemos
al soldado corajudo, ese al que no le tiembla la mano ni contra sus
contrincantes ni con sus compañeros (Sean Penn); también está aquel que
prioriza el bienestar de sus colegas por encima de cualquier conquista (Elias
Koteas); asimismo vemos al superior iracundo que sabe cuál es su objetivo y que
hará cualquier cosa por conseguirlo (Nick Nolte); igualmente se expone al
soldado que encuentra en la naturaleza y en la pureza de los nativos de la isla
la felicidad y la belleza, aunque sea a lo lejos (James Caviezel); se hace
presente también el soldado que vive su propio drama y que encima tiene que
acabar con sus supuestos enemigos (Ben Chaplin); está también aquel castrense
que llega lleno de temor al campo de batalla, obviamente cumpliendo un papel
que no le genera más que dudas (Adrien Brody); también observamos al asustadizo
pero explosivo soldado que se sabe lejos de sus seres queridos y que se
encuentra respondiendo por causas ajenas (Woody Harrelson); en fin, en realidad
lo que vemos son seres humanos con las diferencias, contradicciones,
felicidades, tristezas, miedos y corajes que en la misma vida cotidiana
apreciamos, sólo que esta vez enmarcados en una situación límite: vivir o
morir.
En La
Delgada Línea Roja, Terrence
Malick deja ver todas sus ideas acerca de la vida, desde su altamente
perceptible postura humanista-pacifista, hasta la filosofía panteísta que
profesa; los contrastes de la belleza natural contra la capacidad destructiva
del hombre, su visión poética-filosófica del arte y, desde luego, su siempre
acertado emplazamiento de cámara más la adecuada dirección de actores. La cinta
supone un paso adelante en la revisión del cine bélico, al presentarnos a cada
uno de los soldados que igualmente sufren su guerra interna, ese debate entre
saber que, por principio de cuentas, lo que están haciendo tiene cierto
trasfondo que va contra sus valores, que igual matan a personas que
particularmente no les conocen y ni siquiera sabiendo a ciencia cierta los
ideales que representan.
Ya sólo por la magistral fotografía ejecutada
por John Toll (Corazón Valiente, 1995) o por las siempre acertadas
interpretaciones de Nick Nolte (Cabo de Miedo, 1991) y Sean Penn (Río
Místico, 2003) valen para apreciar una y otra vez La Delgada Línea Roja, una obra que es cine en estado puro,
que se le puede ver más de una vez al día, tan sólo unos minutos tomando
aleatoriamente cualquier secuencia o como se prefiera. Y es que en cada plano
invita a la reflexión respecto a todo, más allá de que uno concuerde o no con
la idea que Malick tiene sobre la vida. Esos planos detalle de cualquier
hermosa creación natural más las espontaneidades de la muerte en oposición a la
vida, le dan a esta obra un aroma poético pocas veces alcanzado en el cine (y
en cualquier arte).
La crítica especializada en cine consensa, en
lo general, que la cinta es una obra mayor, pero que le pueden sobrar algunos
minutos de rodaje; ante eso, sólo me queda responder que siempre me faltará
vida para seguir apreciando esos hermosos paisajes puestos en armonía con las
reflexiones de cada uno de los personajes implicados, que nos hacen tanto
emocionarnos (quizás no en el mejor sentido de la palabra) como pensar y seguir
pensando.
Más que recordar La Delgada Línea Roja como la cinta que puso en papel de
secundarios, y en algunos casos de extras, a superestrellas de Hollywood como
George Clooney, John Cusack, John C. Reilly o John Travolta, esta obra se debe
rememorar cada que se hable de la guerra, de la humanidad, de la inocencia, de
la vida, de la muerte y de la naturaleza.
Simplemente una obra maestra del cine
pacifista, tan reflexiva como necesaria.


No la he visto, pero gracias a tu artículo la veré!
ResponderEliminarGracias. Ahora que estoy enterada la veré. (:
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