domingo, 16 de octubre de 2011

‘La delgada línea roja’: una obra mayor de Terrence Malick



Luego de que en el pasado Festival de Cannes se le otorgara la Palma de Oro a una película dirigida por el mítico cineasta estadounidense Terrence Malick, a muchos nos ha dado por rememorar alguno de sus cuatro filmes anteriores, rodados en un periodo que abarca casi 40 años. Y es que la impaciencia se apodera de nosotros pues su más reciente y laureada cinta, El Árbol de la Vida (2011), al parecer llegará a las pantallas comerciales mexicanas a finales de este año; primero se había manejado que el 16 de diciembre y ahora parece que en este mismo mes de octubre (claro, a la Ciudad de México, habrá que ver en provincia hasta cuándo).
Surgida como la segunda adaptación cinematográfica de la novela escrita en 1962 por el  estadounidense James Jones (la primera dirigida en 1964 por Andrew Marton bajo el nombre de El Ataque Duró Siete Días), además representó la vuelta al trabajo fílmico de Malick tras veinte años, luego de haber realizado en 1978 Días del Cielo. La película se ambienta en la Segunda Guerra Mundial, concretamente en una batalla librada en la isla de Guadalcanal, en 1942, cuando un grupo de soldados estadounidenses buscan conquistar, como medida estratégica, la isla que se encuentra tomada por sus principales oponentes en el mencionado acontecimiento bélico: los japoneses.

La Delgada Línea Roja constituye, ante todo, un alegato por la paz a través de la desoladora y paradójica gesta militar, en donde un grupo de personas es llevado contra sus propias voluntades a enfrentarse contra sus similares, en una batalla de hombres contra hombres, con todo lo que esto representa. Vemos al soldado corajudo, ese al que no le tiembla la mano ni contra sus contrincantes ni con sus compañeros (Sean Penn); también está aquel que prioriza el bienestar de sus colegas por encima de cualquier conquista (Elias Koteas); asimismo vemos al superior iracundo que sabe cuál es su objetivo y que hará cualquier cosa por conseguirlo (Nick Nolte); igualmente se expone al soldado que encuentra en la naturaleza y en la pureza de los nativos de la isla la felicidad y la belleza, aunque sea a lo lejos (James Caviezel); se hace presente también el soldado que vive su propio drama y que encima tiene que acabar con sus supuestos enemigos (Ben Chaplin); está también aquel castrense que llega lleno de temor al campo de batalla, obviamente cumpliendo un papel que no le genera más que dudas (Adrien Brody); también observamos al asustadizo pero explosivo soldado que se sabe lejos de sus seres queridos y que se encuentra respondiendo por causas ajenas (Woody Harrelson); en fin, en realidad lo que vemos son seres humanos con las diferencias, contradicciones, felicidades, tristezas, miedos y corajes que en la misma vida cotidiana apreciamos, sólo que esta vez enmarcados en una situación límite: vivir o morir.


En La Delgada Línea Roja, Terrence Malick deja ver todas sus ideas acerca de la vida, desde su altamente perceptible postura humanista-pacifista, hasta la filosofía panteísta que profesa; los contrastes de la belleza natural contra la capacidad destructiva del hombre, su visión poética-filosófica del arte y, desde luego, su siempre acertado emplazamiento de cámara más la adecuada dirección de actores. La cinta supone un paso adelante en la revisión del cine bélico, al presentarnos a cada uno de los soldados que igualmente sufren su guerra interna, ese debate entre saber que, por principio de cuentas, lo que están haciendo tiene cierto trasfondo que va contra sus valores, que igual matan a personas que particularmente no les conocen y ni siquiera sabiendo a ciencia cierta los ideales que representan.

Ya sólo por la magistral fotografía ejecutada por John Toll (Corazón Valiente, 1995) o por las siempre acertadas interpretaciones de Nick Nolte (Cabo de Miedo, 1991) y Sean Penn (Río Místico, 2003) valen para apreciar una y otra vez La Delgada Línea Roja, una obra que es cine en estado puro, que se le puede ver más de una vez al día, tan sólo unos minutos tomando aleatoriamente cualquier secuencia o como se prefiera. Y es que en cada plano invita a la reflexión respecto a todo, más allá de que uno concuerde o no con la idea que Malick tiene sobre la vida. Esos planos detalle de cualquier hermosa creación natural más las espontaneidades de la muerte en oposición a la vida, le dan a esta obra un aroma poético pocas veces alcanzado en el cine (y en cualquier arte).

La crítica especializada en cine consensa, en lo general, que la cinta es una obra mayor, pero que le pueden sobrar algunos minutos de rodaje; ante eso, sólo me queda responder que siempre me faltará vida para seguir apreciando esos hermosos paisajes puestos en armonía con las reflexiones de cada uno de los personajes implicados, que nos hacen tanto emocionarnos (quizás no en el mejor sentido de la palabra) como pensar y seguir pensando.


Más que recordar La Delgada Línea Roja como la cinta que puso en papel de secundarios, y en algunos casos de extras, a superestrellas de Hollywood como George Clooney, John Cusack, John C. Reilly o John Travolta, esta obra se debe rememorar cada que se hable de la guerra, de la humanidad, de la inocencia, de la vida, de la muerte y de la naturaleza.


Simplemente una obra maestra del cine pacifista, tan reflexiva como necesaria.

2 comentarios:

  1. No la he visto, pero gracias a tu artículo la veré!

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  2. Gracias. Ahora que estoy enterada la veré. (:

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