miércoles, 16 de noviembre de 2016

Lingüística y ciencia ficción al servicio de una emocionante película


A ritmo de una película por año en el último lustro, el cineasta canadiense Denis Villeneuve (Tierra de nadie: Sicario, 2015) se ha apropiado paulatinamente de un lugar nada sencillo de tomar dentro de la industria fílmica mundial: ese en el que convergen lo mismo altas consideraciones autorales que comerciales.

Conocí a Villeneuve a través de ese potente drama maternofilial titulado La mujer que cantaba (2010), cinta en la que sobre todo descubrí a uno de esos narradores que se saben de cabo a rabo el oficio cinematográfico, que ponderan en un nivel muy equilibrado el entretenimiento y la reflexión.

Intriga y El hombre duplicado (ambas de 2013) subrayaron la condición de Denis Villeneuve como director capaz de crear atmósferas turbadoras, de tomar argumentos ingeniosos y enmarcarlos en una mirada muy personal del cine genérico. En el caso del primer filme referido, a través de un drama policiaco que buscaba dar con el secuestrador de una niña y, en el segundo, desenvolviendo un thriller psicológico en el que un profesor de literatura descubría a su doble en una película.

La llegada

Con su octavo largometraje de ficción, La llegada (Arrival, 2016), adaptación del relato corto Story of Your Life (Ted Chiang, 1998), Villeneuve pisa los terrenos de la ciencia ficción sin dejar de lado sus muy particulares señas de identidad.

La llegada aborda la historia de una lingüista (Amy Adams) que, tras el arribo a Tierra de naves extraterrestres, es reclutada por el ejército estadounidense a fin de establecer contacto con los tripulantes y conocer las intenciones de los mismos. Dicha empresa la llevará a cabo en compañía de un físico (Jeremy Renner) y de un coronel castrense (Forest Whitaker).

Para este quien escribe, La llegada representa la mejor cinta de ciencia ficción desde que se filmara esa joya titulada The Man from Earth (Richard Schenkman, 2007).

En primer lugar, considero sobresaliente el filme de Denis Villeneuve porque de principio a fin me mantiene en un punto máximo de interés; narrativamente es una cinta impecable. Como segunda consideración, diré que la historia en sí es a lo menos ingeniosa, exponiendo simbióticamente los resolutivos argumentales y la presentación formal del texto fílmico (vía la comprensión de nociones espacio-temporales que, a priori, son ajenas al razonamiento humano). Enfatizo también el hecho de que encierra subtextos atractivos, con reflexiones comunicativas como ganchos dentro de la consecución del metraje, visible esto a través del personaje de Amy Adams que establece marcos conceptuales para poder descifrar las manifestaciones que a nivel de la lengua exteriorizan los seres de otro mundo. Y, como lo hiciera en La mujer que cantaba y en Intriga, las muy particulares grafías mostradas a cuadro tendrán una relevancia capital en la resolución de la película.


Avance cinematográfico de La llegada

En términos del acercamiento humano con alienígenas, La llegada tiene cierto aire a Encuentros cercanos del tercer tipo (Steven Spielberg, 1977), tanto por el tono de suspenso como por el ánimo de la narración, mismo que logra transmitir al espectador una suerte de enamoramiento por las cavilaciones que superan la lógica de lo conocido.

Aludo además al dejo cuasi poético esgrimido por Villeneuve en La llegada, de la mano de tres elementos armonizados de la mejor manera posible: sonidos minimalistas a cargo de Jóhann Jóhannsson (La teoría del todo. James Marsh, 2014); una pulcra fotografía de Bradford Young (El año más violento. J.C. Chandor, 2014); y la interpretación de una excelsa Amy Adams (Escándalo americano. David O. Russell, 2013), quien establece una relación de permanente empatía con el público.

Quizá el gran pecado de La llegada (que en lo personal termino por perdonarle) sea la tópica jugarreta de establecer a Estados Unidos como centro del universo, además de presentar a los grandes “enemigos” de ese país (Rusia, China y Venezuela en concreto) como naciones cuyos gobernantes son aciagos en el mejor de los casos; el clásico maniqueísmo que bien podría superar el cine industrial norteamericano.

Por lo demás, La llegada supone una emocionante propuesta en la que Denis Villeneuve asciende un escalón más dentro de su muy atractiva filmografía, con un reto por delante tan innecesario como difícil de encarar por la naturaleza del mismo: la secuela de esa obra maestra de la ciencia ficción titulada Blade Runner (Ridley Scott, 1982).

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