El nombre de Charlie Kaufman lo asocio con el cine hecho
por y para los modernos. El nacido en Nueva York ha de estar por regla general detrás
de guiones vanguardistas y únicos, aunque no por ello siempre acertados.
Le tengo particular fobia a un par de textos fílmicos
rubricados por Kaufman: ¿Quieres ser John
Malkovich? (Spike Jonze, 1999) y Eterno
resplandor de una mente sin recuerdos (Michel Gondry, 2004). En ambas
películas, si bien hay un desborde de ingenio por parte del guionista, en la
primera proponiendo el acceso de un hombre (John Cusack) a la mente del actor
John Malkovich, y en la segunda confrontando a un individuo (Jim Carrey) con la
pérdida de sus recuerdos, en el par de ocasiones que he visto las cintas en
cuestión no dejo de pensar que hay una aspiración por parte del escritor y de
sus respectivos directores en establecer esquemas rupturistas, de encontrar el
hilo negro en los menesteres cinematográficos.
Contrario a los anteriores filmes, tengo un buen recuerdo
de El ladrón de orquídeas (Spike
Jonze, 2002), película en la que el protagonista (Nicolas Cage) es una suerte
de encarnación del propio Charlie Kaufman en plena crisis creativa,
entrecruzándose nociones de realidad y ficción, encontrando para mi gusto una armonía
y originalidad siempre en nombre del conjunto del relato.
En su primer largometraje como director y guionista, Kaufman
tomaba la figura de un director de teatro en pleno trance existencial, con
ciertos aires de megalomanía que le llevaban a reproducir la metrópoli
neoyorquina para una puesta en escena. A este filme le tengo particular cariño
porque en él aparece uno de mis actores preferidos de todos los tiempos, el
inmenso Philip Seymour Hoffman (1967-2014), que en mi parecer hace más
digerible el metraje en cuestión, sobre todo en su segunda mitad, en la que se
atestiguan estructuras narrativas más cercanas al surrealismo.
Anomalisa
Tras haber ganado el premio del jurado en el Festival de
Venecia, este año llegó a salas mexicanas Anomalisa
(2015), la segunda cinta bajo la dirección de Charlie Kaufman, película que en
su animación fue codirigida por Duke Johnson (Beforel Orel: Trust, 2012).
En Anomalisa
seguimos al escritor y conferencista
motivacional Michael Stone (interpretado en voz por David Thewlis), quien en un
viaje de trabajo experimenta una suerte de hastío por la vida, de percepción
homogénea del resto de las personas, de vacío existencial. Sin embargo,
mientras se encuentra hospedado en un hotel de Cincinnati, conoce a una de sus
admiradoras (Jennifer Jason Leigh), que para él resalta del resto de la gente,
representando oxígeno puro, una visión contrapunteada de él mismo y del resto
de las personas.
Aunque en Anomalisa
son perceptibles los aires vanguardistas y de exhaustiva creatividad propios de
todos los proyectos en los que he visto involucrado a Charlie Kaufman, aunque sin
duda alcanzando un grado de madurez notable respecto a todos sus trabajos
anteriores. Estamos ante una trama discreta en cuanto a giros narrativos, es
más bien un relato introspectivo de un personaje que, si bien en tercera
persona pudiera parecer algo pedante, una vez que se establece empatía con éste
resulta a lo menos entrañable, por el cual se llega a sentir incluso compasión.
Lo verdaderamente sorpresivo en Anomalisa es que se llega a obviar su condición de filme animado,
ya sea por el cuidado diseño de sus figuras, en cuanto a lo expresivo de las
mismas, o por la minuciosa recreación del mundo real; pero, sobre todo, estamos
ante una serie de situaciones que, si bien tienen una dosis de surrealismo
irónico, nunca llegan a desbordarse, al contrario, se sienten naturales dado el
desequilibrio psíquico establecido en el personaje central.
No se puede soslayar el gran clímax del filme en el que
damos cuenta de una relación amorosa; no obstante corresponde a figuras animadas
a partir de la técnica stop motion
(animación cuadro por cuadro de objetos estáticos), establece uno de los
encuentros sexuales más entrañables que yo recuerde en la historia del cine,
precisamente porque se va a lo esencial de las relaciones humanas, concretamente
a lo diáfano que pueden resultar los momentos eróticos en pareja. En términos
de películas animadas, la relación expuesta en Anomalisa la podría equiparar solamente con el tan memorable como nostálgico
prólogo de la cinta Up (Pete Docter y
Bob Peterson, 2009), en el cual recuerdo haber experimentado altas dosis de
conmoción.

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