miércoles, 9 de marzo de 2016

Transgresión de forma compleja y narrativa simple


El nombre de Charlie Kaufman lo asocio con el cine hecho por y para los modernos. El nacido en Nueva York ha de estar por regla general detrás de guiones vanguardistas y únicos, aunque no por ello siempre acertados.

Le tengo particular fobia a un par de textos fílmicos rubricados por Kaufman: ¿Quieres ser John Malkovich? (Spike Jonze, 1999) y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Michel Gondry, 2004). En ambas películas, si bien hay un desborde de ingenio por parte del guionista, en la primera proponiendo el acceso de un hombre (John Cusack) a la mente del actor John Malkovich, y en la segunda confrontando a un individuo (Jim Carrey) con la pérdida de sus recuerdos, en el par de ocasiones que he visto las cintas en cuestión no dejo de pensar que hay una aspiración por parte del escritor y de sus respectivos directores en establecer esquemas rupturistas, de encontrar el hilo negro en los menesteres cinematográficos.

Contrario a los anteriores filmes, tengo un buen recuerdo de El ladrón de orquídeas (Spike Jonze, 2002), película en la que el protagonista (Nicolas Cage) es una suerte de encarnación del propio Charlie Kaufman en plena crisis creativa, entrecruzándose nociones de realidad y ficción, encontrando para mi gusto una armonía y originalidad siempre en nombre del conjunto del relato.
En su primer largometraje como director y guionista, Kaufman tomaba la figura de un director de teatro en pleno trance existencial, con ciertos aires de megalomanía que le llevaban a reproducir la metrópoli neoyorquina para una puesta en escena. A este filme le tengo particular cariño porque en él aparece uno de mis actores preferidos de todos los tiempos, el inmenso Philip Seymour Hoffman (1967-2014), que en mi parecer hace más digerible el metraje en cuestión, sobre todo en su segunda mitad, en la que se atestiguan estructuras narrativas más cercanas al surrealismo.

Anomalisa

Tras haber ganado el premio del jurado en el Festival de Venecia, este año llegó a salas mexicanas Anomalisa (2015), la segunda cinta bajo la dirección de Charlie Kaufman, película que en su animación fue codirigida por Duke Johnson (Beforel Orel: Trust, 2012).

En Anomalisa seguimos al escritor y  conferencista motivacional Michael Stone (interpretado en voz por David Thewlis), quien en un viaje de trabajo experimenta una suerte de hastío por la vida, de percepción homogénea del resto de las personas, de vacío existencial. Sin embargo, mientras se encuentra hospedado en un hotel de Cincinnati, conoce a una de sus admiradoras (Jennifer Jason Leigh), que para él resalta del resto de la gente, representando oxígeno puro, una visión contrapunteada de él mismo y del resto de las personas.

Aunque en Anomalisa son perceptibles los aires vanguardistas y de exhaustiva creatividad propios de todos los proyectos en los que he visto involucrado a Charlie Kaufman, aunque sin duda alcanzando un grado de madurez notable respecto a todos sus trabajos anteriores. Estamos ante una trama discreta en cuanto a giros narrativos, es más bien un relato introspectivo de un personaje que, si bien en tercera persona pudiera parecer algo pedante, una vez que se establece empatía con éste resulta a lo menos entrañable, por el cual se llega a sentir incluso compasión.

Lo verdaderamente sorpresivo en Anomalisa es que se llega a obviar su condición de filme animado, ya sea por el cuidado diseño de sus figuras, en cuanto a lo expresivo de las mismas, o por la minuciosa recreación del mundo real; pero, sobre todo, estamos ante una serie de situaciones que, si bien tienen una dosis de surrealismo irónico, nunca llegan a desbordarse, al contrario, se sienten naturales dado el desequilibrio psíquico establecido en el personaje central.

No se puede soslayar el gran clímax del filme en el que damos cuenta de una relación amorosa; no obstante corresponde a figuras animadas a partir de la técnica stop motion (animación cuadro por cuadro de objetos estáticos), establece uno de los encuentros sexuales más entrañables que yo recuerde en la historia del cine, precisamente porque se va a lo esencial de las relaciones humanas, concretamente a lo diáfano que pueden resultar los momentos eróticos en pareja. En términos de películas animadas, la relación expuesta en Anomalisa la podría equiparar solamente con el tan memorable como nostálgico prólogo de la cinta Up (Pete Docter y Bob Peterson, 2009), en el cual recuerdo haber experimentado altas dosis de conmoción.

Considero pues que Anomalisa es el trabajo más redondo y profundo en el que ha intervenido Charlie Kaufman, una película formalmente compleja que me deja muchas sensaciones de desasosiego. Una obra en la que nada me parece gratuito, en la su condición transgresora tiene todo el sentido del mundo.

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