Afirmar que Alfred Hitchcock es uno de los
cineastas más grandes que han existido no está sujeto a ningún tipo de
consideración, es un principio irrefutable.
Títulos como La Soga (1948), La
Ventana Indiscreta (1954) o Psicosis (1960) —y unas
15 películas más— lo ubican en una posición a la que muy pocos autores
cinematográficos pueden aspirar. Y, por supuesto, Vértigo (1958)
supone su pase al paraíso de los grandes artistas que ha dado la humanidad, un
filme lleno de lirismo, intriga y complejidad moral.
Películas grandes tiene de sobra el cineasta
oriundo de Londres, Inglaterra, pero la cosa se complica cuando se intentan
encontrar puntos flacos en su filmografía.
Sin embargo, un director que filmó más de medio
centenar de películas irremediablemente debió haber errado en alguna (claro
está que no las he visto todas). Aunque es de considerar que una mala película
de Hitchcock muy probablemente supere la media de calidad de otras películas.
Topaz (1969) se ubica
contextualmente en la Guerra Fría, justo en el punto más álgido de ésta, en la
famosa Crisis de los Misiles, conflicto generado a partir de que los Estados
Unidos presuntamente descubrieron una base de armas nucleares soviéticas en la
isla de Cuba. Esta circunstancia le sirvió al escritor estadounidense Leon Uris
(1924-2003) para que en 1967 adaptara una novela sobre espías internacionales,
a propósito el mencionado conflicto, llevándola al cine dos años después
Hitchcock.
La cinta da seguimiento a un espía francés
(Frederick Stafford) que, aliado con otro estadounidense (John Forsythe),
buscan desenmascarar una red de espionaje mundial que trabaja para la Unión
Soviética, intentando desenmarañar los planes de Moscú en Cuba, siempre
teniendo como referencia la Crisis de los Misiles.
El
filme da inicio con planos generales de un desfile soviético, en el que se
puede apreciar un gran retrato en el que aparecen los rostros de Karl Marx,
Friedrich Engels y Vladímir Lenin (iconos del comunismo). A partir de ahí ya
sabes cómo se va a poner la cosa: una cinta hollywoodense de los años 60 en la
que se traten temas ideológicos, en donde tenga injerencia algún elemento
soviético, tienes claro que te van a hablar de buenos (Estados Unidos) y malos
(URSS).
Efectivamente,
es una tristeza que uno de los grandes maestros del cine haya caído en la
tentación de filmar un
panfleto anticomunista con tal de prolongar su carrera fílmica. Es evidente que
sir Alfred Hitchcock no lo necesitaba. Pero lo hizo.
Al
margen del tufo maniqueísta, la película te atrapa, es un thriller político que
te va dando ciertos giros argumentales.
Lo que
sí es una verdad es que la conversión de novela a guión cinematográfico no
permite establecer una conexión muy directa con los personajes, porque aunque
uno sigue las andanzas del espía francés, hay otros personajes que aparecen y
desaparecen por grandes tramos de la narración. Es el caso de un ex director de
la KGB rusa (Per-Axel Arosenius) que en principio se nos presenta como
personaje principal, mismo que harto del régimen soviético se vende a los
estadounidenses a cambio de una vida nueva y próspera. Este individuo denota
cierta preponderancia al inicio del relato pero, paulatinamente, va decayendo
hasta posicionarse como un complemento de la cinta.
Me llamó la atención el empleo de
imágenes de archivo utilizadas, al recrear en el filme un supuesto mitin en
Cuba, en donde vemos, a la par de la recreación fílmica, fotogramas reales de
Fidel Castro y Ernesto «El Che» Guevara. Destacar también el retrato barato y
estereotipado de oficiales cubanos, todos ellos sudorosos, tiranos, bebedores y
prepotentes.
Si se quiere ver algo positivo en Topaz tenemos que hacer un riguroso
ejercicio de omisión ideológica en la trama, para ver la calidad de un relato a
lo mucho mediocre, parido por alguien con quien los amantes del cine siempre
estaremos en deuda.
Por mi parte, claro que le
perdono a Alfred Hitchcock el haber creado tan bochornoso trabajo; reitero,
después de haber filmado algo tan grandioso como Vértigo, el hombre quedó libre
de toda culpa.



No hay comentarios:
Publicar un comentario