domingo, 28 de agosto de 2011

Ética y estética: ‘El nacimiento de una nación’ y ‘Holocausto caníbal’


El Nacimiento de una Nación (1915) y Holocausto Caníbal (1980) son dos películas ciertamente disímiles en su trascendencia histórica-cinematográfica, pero equiparables bajo la polémica que han generado en sus respectivos contextos.
La primera, dirigida por David W. Griffith, carga con el peso histórico de ser una cinta promotora de ideales pro-racistas, principalmente suscriptores del Ku Klux Klan, debido a que en la trama del filme se puede apreciar una postura desalentadora ante la abolición de la esclavitud estadounidense, mostrándonos la poca viabilidad que este hecho representó para un sector de la población en medio de la «guerra de secesión», esa que dio origen a lo que hoy se constituye como Estados Unidos de Norteamérica.


La segunda película, cinta italiana dirigida por Ruggero Deodato, pasó a los ojos del mundo por ser el filme más cruel en cuanto al maltrato animal de su época, además del hecho de que el mismo director les hizo firmar una cláusula a los protagonistas —que en el desarrollo de la ficción son asesinados— para no aparecer en público durante un año posterior a la filmación, para que el público creyera que habían muerto en realidad. La cinta igualmente causó polémica porque presuntamente mostraba la imagen de una mujer muerta, literalmente «empalada». Al final se demostró que no hubo escenas de muerte humana, sin embargo, las imágenes de asesinatos animales sí que fueron ciertas.

Promoción del racismo y crueldad animal las pusieron en el centro de la polémica, pero la discusión profundamente cierta sobre las dos cintas citadas es aquella que en el libro Teorías del Cine (STAM, Robert. Paidós, 2001) se define como debate entre «ética y estética», al considerar que una obra como El Nacimiento de una Nación, por ejemplo, en sus formas, marca una antes y un después como pieza clave para el desarrollo del discurso cinematográfico moderno, al definir claramente ciertos recursos fílmicos como elementos seminales de significado del propio cine (montaje paralelo y utilización del primer plano como los dos principales recursos mostrados), pasando por alto las atrocidades que su discurso promueve. Al respecto, el cineasta soviético Sergei M. Eisenstein (El Acorazado Potemkin, 1925),  —abiertamente orientado hacia una ideología marxista-leninista— manifestó en sus escritos sobre el montaje la importancia que tuvo Griffith para las posteriores concepciones del cine —incluida la suya—, poniéndolo siempre como el gran maestro de la cinematografía pero advirtiendo que no coincidía en el discurso que el estadounidense promovía en su obra, que más bien le respetaba en función de su legado técnico cinematográfico.


La misma Holocausto Caníbal, en su lectura principal, promueve la discusión ética sobre lo que debe ser mostrado o no al público, autoreferenciando las imágenes que muestra la propia película y cuestionándolas en cuanto a su calidad moral.


Tanto Griffith como Deodato —este segundo de manera más gratuita— generaron ámpula en el público de sus respectivos tiempos, sin embargo, es innegable que el cine de hoy no se puede entender sin estas dos obras, promotoras de ese debate entre ética y estética.

Esta disyuntiva sobre qué tanto podemos calificar una obra como buena o mala, con referencia a sus formas y fondos, precisamente tuvo una respuesta puntual y directa en la etapa de esplendor del cine soviético —años 20 y 30 del siglo pasado—, con cineastas como Alexander Dovzhenko (Tierra, 1930), Dziga Vertov (El Hombre de la Cámara, 1929), Vsevolod Pudovkin (La Madre, 1926) y el propio Eisenstein, que en sus cintas siempre manifestaban una idea clara sobre la evolución social permeada por la Revolución Rusa, evidentemente impulsados por el mandato de Stalin que imponía reglas y límites en cuanto a promover ideales afines a su régimen, nulificando las críticas posibles del mismo, hecho que en su contexto se pudo apreciar como un valor ético, respaldado por la depurada y vanguardista forma de filmar de cada uno de esos cineastas (lo estético).


Tanto El Nacimiento de una Nación como en Holocausto Caníbal, ambas cintas con discursos claramente repudiables, con acciones a todas luces castigables, finalmente dan constancia de que lo que prevalece cuando en la silla de director hay un genio es precisamente su capacidad de trascender cualquier discurso discutible, enalteciendo su técnica y capacidad como artistas para conjugar las variables que el propio cine contiene, borrando del criterio del espectador cualquier prejuicio moral.

 El Nacimiento de una Nación


Holocausto Canibal 

2 comentarios:

  1. Aunque dificiles de entender, y poco digeribles para una audiencia que no es en realidad cinéfila, estas peliculas requieren de un un ojo diferente, de una perspectiva sin frivolidades o miedos latentes...gracias por la información, las sintesis de ambas peliculas y por los Links, felicidades por la pagina.

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  2. Se agradecen de igual forma sus comentarios. Le comento que este espacio es para todos los que gustemos del arte de la imagen en movimiento, así que si quiere colaborar será un gusto.

    Saludos!

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